Direcciones de comunión y exposiciones devocionales

Oh Señor: prepara mi alma para la mesa sacramental

Una oración humilde pidiendo que el Señor prepare el alma para la ordenanza sacramental, conceda sentido de indignidad, amor redentor y bendición sobre los communicants y ministros.

Oh Señor

Oh Señor, te ruego que te acerques a mí hoy en tu gran misericordia. Tengo ante mí la próxima perspectiva de acercarme a ti en tu graciosa Ordenanza Sacramental. Así como tú me preparas una mesa en el desierto, prepárame a mí para la mesa. Oh, envía tu luz y tu verdad, que me guíen—que me conduzcan a tu santo monte y a tus tabernáculos. Entonces iré al altar de Dios, a Dios, mi sumo gozo. Que sea mi experiencia dentro de las puertas del santuario, y mientras participo de la sagrada Fiesta—«Esto no es sino la casa de Dios, esta es la puerta del cielo»—«He visto al Rey, el Señor Todopoderoso».

Lléname con un sentido humillante de mis propios deméritos y mis faltas. No soy digno de comer de las migajas que caen de la mesa del Maestro; ¿cuánto menos de sentarme a la misma mesa del banquete, y de gozar la bienaventuranza de una comunión cercana y entrañable contigo. Ven, Señor, y escudríñame—ven y pruébame—ven y ve si hay en mí camino perverso; y guíame por el camino eterno. Comunícame, ante todo, un sentido inspirador y elevador de tu amor grande e infinito hacia mí en Cristo Jesús. En esta, su propia Ordenanza conmemorativa, que yo tenga una aprehensión real de todo aquel misterio de agonía y sufrimiento que Él tan voluntariamente soportó por mí. Que la vista cercana de Getsemaní y del Calvario me dé visiones más profundas e intensas de la pecaminosidad extrema del pecado, como aquello que llenó su copa de angustia. Que yo sea capacitado, al acudir de nuevo a este terreno del pacto—no solo a confesar mis pecados, sino a tener el ferviente deseo y resolución de abandonarlos; y a vivir, en adelante, no para mí mismo—sino para Aquel que me amó y se entregó a sí mismo por mí, para redimirme de toda iniquidad, y purificarme para sí mismo, como uno de su propio pueblo peculiar, celoso de buenas obras.

Mi oración ferviente es ser traído más constante y habitualmente bajo la influencia coactiva del amor redentor—para que la vida que tú has preservado por tu misericordia, y que has rescatado a tal precio, quede de aquí en adelante consagrada a tu alabanza. Que la santa Fiesta resulte un medio santificado para fortalecer en mí toda gracia cristiana, y para confirmar toda buena resolución. Que esta sea mi ferviente aspiración: «Señor, dame siempre este pan». Como tu siervo de antaño, en la fuerza de aquel alimento, que yo avance, día tras día, hasta llegar al verdadero monte de Dios allá arriba.

Derrama tu bendición sobre todos mis hermanos communicants. Hay pan suficiente y de sobra en la casa de nuestro Padre. Que aquellos que por enfermedad y otras restricciones de tu providencia no pueden acudir a los atrios de tu santuario, sepan que tú no estás confinado a templos ni a mesas hechas por manos—que dondequiera que haya un verdadero adorador, allí, allí está un Dios que oye la oración—que responde la oración—que guarda el pacto. Que los que se quedan en casa repartan el botín.

Bendice a tus siervos ministros que han de ser hoy los dispensadores del santo rito. Al repartir a otros el Pan de Vida, que sus propias almas queden abundantemente satisfechas. Sean tus sacerdotes vestidos de justicia, y griten tus santos de gozo. El Señor bendiga la casa de Israel—el Señor bendiga la casa de Aarón—tanto a los pequeños como a los grandes que temen al Señor, ciertamente bénfelos. Así pueda esta Ordenanza señalada resultar, para cada uno y para todos nosotros, una temporada de avivamiento y de refrigerio proveniente de tu propia e inmediata presencia.

Y todo cuanto pido, o espero, es en el nombre y por amor de Jesucristo, mi único Señor y Salvador. Amén.

Fuente y atribución

Autor original: Horatius Bonar

Título original: Communion addresses and devotional expositions — O Lord

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Horatius Bonar, publicado originalmente en Grace Gems.

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