"Y al instante se le abrieron los oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien." Marcos 7:35
Es una gran cosa tener los oídos cerrados abiertos. En muchos lugares de la Biblia encontramos las palabras: "El que tiene oídos para oír, oiga." Esto sugiere que hay personas que no tienen oídos, y también que hay quienes, teniendo oídos, no oyen. El que no puede oír sufre una gran pérdida. El mundo está lleno de armonías de sonido. El sordo se pierde todo el placer que otros reciben del canto de las aves, de los tonos del habla humana, del encanto de la música. Es una gran cosa cuando las puertas cerradas del oído se abren.
Además, las almas tienen oídos, oídos hechos para escuchar la voz de Dios y las armonías de la música celestial. Sin embargo, hay muchos que son completamente sordos a estas expresiones espirituales. No oyen a Dios ni en las voces de la naturaleza, ni en los susurros de la conciencia, ni en las sagradas palabras de la Santa Escritura. Cristo también puede abrir estos oídos espirituales, para que nuestras almas escuchen en esta tierra la música del cielo. ¡Qué bendición sería para los cristianos si tan solo pidieran a Cristo que abriera sus oídos a su Palabra!
Entonces también es una gran cosa que se suelte nuestra lengua, para que podamos hablar de estas cosas a otros. Algunas personas, sin embargo, que parecen tener los oídos abiertos, todavía tienen la lengua atada. No hablan del amor redentor de Dios. Tienen tal impedimento al hablar de las cosas espirituales, que tartamudean, dudan y se quiebran por completo; aunque en otros temas pueden hablar con claridad y fluidez. Hay hombres cristianos que son elocuentes cuando hablan de negocios, de ciencia, de agricultura o de cuanto más ocupe sus pensamientos y sus manos; pero en el instante en que se aborda el tema de la experiencia cristiana, ¡su elocuencia los abandona! Son cristianos con la lengua atada. ¡Qué bendición sería para ellos si algún día Cristo soltara su lengua, para que pudieran hablar con claridad!
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Deaf and Dumb
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.