LUNES POR LA MAÑANA.
Oh Señor Dios bondadoso, al comenzar el primer día de trabajo de otra semana, venimos a ampararnos bajo el cobijo de Tus alas protectoras. Es de Tu tierna misericordia que ahora vivamos. Es de Tu gracia ilimitada que nos acerquemos a encontrarte en Tu trono de gracia.
Nuestras pequeñas barcas entran ahora en las olas turbulentas del mundo inquieto. Concede que Tu Espíritu Santo se siente al timón y nos guíe con seguridad. No permitas que corriente alguna adversaria desvíe nuestro rumbo hacia el cielo. En medio de tormentas y bajíos, si tales nos amenazan, que no se naufrague nuestra fe ni nuestros intereses del alma sufran daño alguno. Llévanos a su término con vestidos sin mancha, conciencias sin herida y ninguna gracia oscurecida.
Fortalécenos para dar un paso resuelto hacia el cielo. Y que atrayamos a muchos al camino estrecho de la vida; y atesoremos ricas reservas de experiencia de Tu fidelidad y verdad.
Graba profundamente, con la pluma de Tu Espíritu, las lecciones de ayer sobre las tablillas de nuestra mente. Ablanda nuestra cera dócil. Imprime en nosotros Tu imagen celestial. Tú eres el Alfarero, nosotros somos el barro. Por Tu palabra predicada, moldea y forma del todo a nuestra semejanza con tu amado Hijo. Que todo nuestro aspecto muestre sus amables rasgos. Que cuantos nos vean sepan de nosotros que pertenecemos a la familia de la fe, que somos hijos de Dios, herederos de Dios, coherederos de Cristo. Que nuestra ciudadanía esté en lo alto. Que respiremos la atmósfera de la pureza y del amor piadoso.
Da especial eficacia a todos los medios de gracia. Por ellos guárdanos Tuyos para siempre. Pedimos grandes cosas. Esperamos grandes cosas. No dudamos que recibiremos grandes cosas. Venimos osadamente a Ti en Cristo Jesús. En Él confiamos en Ti, sin una sola duda. Pues oímos la proclamación de Tu nombre: «¡Jehová, Jehová Dios, misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado!». ¡Oímos, creemos, adoramos!
Nos aventuramos en Ti, nos aventuramos del todo, nos aventuramos plenamente. Venimos a los brazos de nuestro Padre. Es nuestro privilegio y nuestro gozo recountar todo lo que Tú eres para nosotros y todo lo que has hecho por nosotros. Mientras procuramos concebir Tu grandeza y Tu bondad, hallamos que Tu amor sobrepasa todo conocimiento. Pero nos deleitamos en cantar: «¡Tu misericordia, oh Jehová, está en los cielos, y Tu fidelidad alcanza hasta las nubes! ¡Tu justicia es como los grandes montes! ¡Tus juicios son como el grande abismo! ¿Qué Dios como Tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la transgresión del remanente de Su heredad! No retienes Tu ira para siempre, porque Te deleitas en la misericordia. Volverás a tener compasión de nosotros, sujetarás nuestras iniquidades y echarás todos nuestros pecados en las profundidades del mar».
Apretando con fuerza estas seguridades enviadas del cielo, tomándolas como nuestro báculo y nuestro escudo, la luz de nuestro rostro y el gozo mismo de nuestros corazones, salimos ahora a nuestros deberes cotidianos.
Deseamos humildemente que nuestros corazones estrechos sean ensanchados por Tu Espíritu para mirar más allá de nuestra propia necesidad y abrazar en nuestras simpatías a toda la familia de la humanidad. Multitudes pueblan esta tierra en las que Tú has infundido el aliento de vida. Pero sus almas están muertas para Ti. No dan gloria a Tu gran nombre. El canto del cielo no se enaltece con alabanzas de sus labios. Te agravian. Te defraudan del servicio y la adoración que tan justamente se te deben.
Somos osados y fervientes en presentar su miseria ante Ti, el Dios de toda tierna compasión. Los nombramos con mansedumbre, sabiendo que Tú, el Dios de toda la tierra, haces lo recto. Sabemos que Tú eres toda sabiduría, mientras nosotros por naturaleza andamos a tientas en la ceguera. Mas confiamos en que es de Tu Espíritu que sentimos piedad por su estado desamparado y perecedero. Así te rogamos que los arranques como tizones del fuego. Levántalos para que brillen sobre el resplandor de las estrellas, como gemas en la corona mediadora de Jesús.
Bendice, oh Dios de amor, oh Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, a todos Tus misioneros que parten de nuestras costas. Da vida a todos nuestros esfuerzos en favor del paganismo. Prospera todos nuestros deseos de hacer avanzar la verdad del evangelio. Escucha todas nuestras oraciones por los que no te conocen. Acepta estas humildes súplicas y estas pobres alabanzas. Las presentamos en el todo-poderoso nombre de Jesucristo. Amén.
Fuente y atribución
Autor original: Henry Law
Título original: Family Prayers — Week 4 MONDAY MORNING
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Henry Law, publicado originalmente en Grace Gems.