Aquí comienzan los detalles relativos a las asambleas públicas, 1 Corintios 14. En la abundancia de dones espirituales concedidos a los corintios, se habían introducido algunos abusos; pero así como Cristo hizo la voluntad y buscó la honra de Dios, así el cristiano debe declarar su sujeción a Cristo, haciendo su voluntad y buscando su gloria. Deberíamos, aun en nuestro vestido y apariencia, evitar todo lo que pueda deshonrar a Cristo. La mujer fue hecha sujeta al hombre, porque fue hecha para su ayuda y consuelo. Y no debe hacer nada en las asambleas cristianas que parezca un reclamo de igualdad. Debe tener "potestad", es decir, un velo, sobre su cabeza, a causa de los ángeles. Su presencia debe mantener a los cristianos apartados de todo lo malo mientras adoran a Dios. No obstante, el hombre y la mujer fueron hechos el uno para el otro. Debían ser consuelos y bendiciones mutuos, no el uno esclavo y el otro tirano. Dios ha dispuesto las cosas, tanto en el reino de la providencia como en el de la gracia, de modo que la autoridad y la sujeción de cada parte sean para mutua ayuda y beneficio. Era el uso común de las iglesias que las mujeres aparecieran en las asambleas públicas y participaran en la adoración pública veladas; y era correcto que así lo hicieran. La religión cristiana sanciona las costumbres nacionales siempre que estas no vayan contra los grandes principios de verdad y santidad; las singularidades afectadas no reciben apoyo alguno en nada de lo que hay en la Biblia.
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 Corinthians 11:2-16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.