Atenas era entonces célebre por su cultura refinada, su filosofía y las bellas artes; pero nadie es más infantil y supersticioso, más impío o más crédulo que algunas personas tenidas por eminentes en saber y capacidad. Estaba entregada por completo a la idolatría. El defensor celoso de la causa de Cristo estará dispuesto a defenderla en toda compañía, según se ofrezca la ocasión. La mayoría de estos hombres instruidos no hicieron caso de Pablo; pero algunos, cuyos principios eran los más directamente contrarios al cristianismo, hicieron comentarios sobre él. El apóstol siempre se detenía en dos puntos, que en efecto son las doctrinas principales del cristianismo: Cristo y el estado futuro; Cristo nuestro camino, y el cielo nuestro fin. Ellos consideraban esto muy diferente del conocimiento enseñado y profesado en Atenas durante muchos años; deseaban saber más de ello, pero solo porque era nuevo y extraño. Lo llevaron al lugar donde se sentaban los jueces que inquirían en tales asuntos. Le preguntaron por la doctrina de Pablo, no porque fuera buena, sino porque era nueva. Los grandes habladores siempre son entrometidos. Pasan su tiempo en nada más, y muy incómoda es la cuenta que tienen que dar de su tiempo quienes así lo gastan. El tiempo es precioso, y estamos obligados a emplearlo bien, porque la eternidad depende de ello, pero mucho se desperdicia en conversación inútil.
Predica allí (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Acts 17:16-21
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.