Aunque Pablo tenía derecho a recibir sustento de las iglesias que había plantado y de las personas a quienes predicaba, con todo trabajó en su oficio. Un oficio honesto, mediante el cual un hombre puede ganarse el pan, no debe ser mirado con desprecio por nadie. Era costumbre de los judíos criar a sus hijos en algún oficio, aunque les dieran educación o bienes. Pablo se cuidaba de evitar los prejuicios, aun los más irrazonables. El amor de Cristo es el mejor vínculo de los santos; y el trato de los santos entre sí endulza el trabajo, el desprecio y aun la persecución. La mayoría de los judíos persistió en contradecir el evangelio de Cristo y en blasfemar. No querían creer ellos mismos, y hacían todo lo posible por impedir que otros creyeran. Pablo, por ello, los dejó. No abandonó su obra; pues aunque Israel no sea congregado, Cristo y su evangelio serán gloriosos. Los judíos no podían quejarse, pues tuvieron la primera oferta. Cuando algunos se oponen al evangelio, debemos volvernos a otros. El dolor porque muchos persisten en la incredulidad no debe impedir la gratitud por la conversión de algunos a Cristo.
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Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Acts 18:1-6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.