Vemos que los pastores creyeron la noticia que habían oído. No dijeron: «Vamos a ver si esto ha sucedido», sino que dijeron: «Vamos ahora mismo a ver esto que ha sucedido». Creyeron antes de haber visto. «Bienaventurados los que sin ver creyeron». Hablaron también como si sintieran gratitud por haber oído las nuevas, pues añadieron: «que el Señor nos ha dado a conocer». En verdad tenían motivo para estar agradecidos, porque Dios les había mostrado un favor muy grande. No olvidemos que nosotros también estamos entre aquellos a quienes el Señor ha dado a conocer el nacimiento de su Hijo. Hay millones en esta tierra que nunca han oído del amor de Dios al enviar un Salvador, pero nosotros lo hemos oído desde nuestra infancia. ¿Anhelamos, como estos pastores, ver a nuestro bendito Redentor?
¡Cuánto se habrán alegrado José y María con la entrada de los pastores! Aunque despreciado por el mundo, el santo niño fue honrado por estos hombres pobres. Aún hoy son pocos los que lo reconocen como su Señor y Maestro, y esos pocos suelen ser pobres, como los pastores de Belén. Estos hombres buenos no guardaron en secreto lo que habían oído y visto. El ángel había dicho que traía nuevas de gran gozo para todo el pueblo; por eso los pastores contaron la noticia a todos. Como ellos, si creemos en Cristo, hablaremos de él a quienes no lo conocen.
¿Cómo recibió la gente las nuevas que traían los pastores? Se maravillaron, pero probablemente pronto olvidaron lo que habían oído, mientras María «guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón». Así es como deben oírse los sermones y leerse la Biblia. Todos los que sacan provecho de lo que oyen, lo guardan y lo meditan en el corazón. Pero ¡cuántos echan de su mente lo que oyen! Un solo versículo de la santa palabra de Dios atesorado en el corazón nos hará más bien que un capítulo entero leído de prisa y poco considerado. ¿Hay pasajes de las Escrituras que son caros a nuestro corazón? ¿Nos ha fortalecido algún versículo en la hora de la tentación, o nos ha consolado en el día de la angustia? ¿Hemos guardado alguno en reserva para el día en que atravesemos el valle de sombra de muerte, cuando la carne y el corazón fallen, y ningún brazo mortal pueda sostener nuestras almas que se hunden?
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: The Shepherds' Visit to Bethlehem
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.