El pastor se encarga de que sus ovejas estén bien alimentadas. Cristo también alimenta a su pueblo y lo conduce a encontrar pastos.
La Biblia es su tierra de pastoreo, y el alimento allí siempre es bueno. Cada capítulo es un campo de hierba rica. Algunos de estos campos parecen al principio estériles y desiertos; pero aun en los más áridos hay suficiente pasto para alimentar a un alma hambrienta.
Luego están los campos de pastoreo de la oración. Estos se hallan muy cerca de la frontera del cielo. Siempre se encuentran en los valles tranquilos entre las montañas. El Buen Pastor nos conduce a ellos por las puertas de la oración. Nos postramos en humilde sencillez y entramos con Él a los pastos verdes, y alimentamos nuestras almas hasta que su hambre queda satisfecha.
La iglesia es otro de los campos de pastoreo de nuestro Pastor. Entramos por las puertas del santuario y al instante encontramos alimento espiritual. Lo hallamos en la predicación de las Escrituras, en las ordenanzas y en la comunión con otros creyentes.
En nuestra vida común en este mundo, si seguimos fielmente a Cristo, nos encontramos de continuo en campos de rico pastoreo. Cristo nunca nos conduce a lugares donde no haya nada que nos alimente. Aun en las ardientes llanuras de la prueba y el dolor hay alimento. A veces pensamos que solo hay esterilidad en nuestra vida fatigosa, llena de tentaciones, afanes y sacrificios; pero el Buen Pastor está siempre con nosotros, y siempre hay pastos.
Así, el mundo entero es un campo rico cuando Jesús conduce a su rebaño. Si algunos cristianos no están bien alimentados, es porque no quieren alimentarse. La dificultad debe estar en que no hambrean del alimento espiritual.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Green Pastures
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.