Una conciencia tranquila, una esperanza viva y las consolaciones del Espíritu Santo pueden mantener a los hombres serenos ante la plena perspectiva de la muerte; incluso aquellas mismas personas que más se han visto perturbadas por los terrores a causa de ello. El tiempo de Dios para socorrer es cuando las cosas son llevadas al último extremo. Pedro estaba persuadido de que el Señor haría que esta prueba terminara de la manera que más contribuyera a su gloria. Los que son librados de la prisión espiritual deben seguir a su Libertador, como los israelitas cuando salieron de la casa de servidumbre. No sabían adónde iban, pero sabían a quién seguían. Cuando Dios quiere obrar la salvación de su pueblo, todas las dificultades en su camino serán vencidas; aun las puertas de hierro se abren por sí solas. Esta liberación de Pedro representa nuestra redención por Cristo, la cual no solo proclama libertad a los cautivos, sino que los saca de la casa de prisión. Pedro, al recapacitar, percibió las grandes cosas que Dios había hecho por él. Así, las almas libradas de la esclavitud espiritual no son al principio conscientes de lo que Dios ha obrado en ellas; muchos tienen la verdad de la gracia, pero carecen de la evidencia de ella. Pero cuando venga el Consolador, que el Padre enviará, más tarde o más temprano, les dará a conocer qué cambio tan bendito se ha obrado.
Pedro se marcha, la ira de Herodes (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Acts 12:6-11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.