Todos nosotros deberíamos aprender a consolar a los demás. Ningún deber del amor cristiano exige mayor delicadeza. Podemos estudiar el modo en que nuestro Señor consolaba, para aprender a dar consuelo nosotros mismos a quienes atraviesan angustias. Vemos que Él no recurrió a las frases frías y gastadas que tan acostumbrados estamos a emplear cuando intentamos consolar a nuestros amigos en su aflicción.
Pero no en ese modo vacío consuela Cristo a su pueblo. Aquí no ofreció explicaciones, no respondió preguntas, no dio razones; simplemente dijo a sus discípulos que creyeran. Ellos no podían comprender aquel dolor tan terrible. No podían ver ninguna estrella en el cielo. Pero no necesitaban comprender, ni necesitaban ver luz alguna. No tenían nada que hacer sino creer: solo aferrarse a Cristo en la oscuridad y creer. En todo dolor profundo este es el camino más verdadero para hallar consuelo. De nada sirve hacer preguntas, porque nadie puede responderlas. De nada sirve forzar la vista intentando ver la luz, pues aún no hay luz que ver. Todo lo que podemos hacer es arrojarnos sobre el pecho del Salvador y reposar allí hasta que la luz rompa. Siempre podemos estar seguros del amor y la fidelidad de Cristo. Podemos acurrucarnos, como hizo Juan aquella misma noche, sobre el pecho del Salvador, y permanecer tranquilos y confiados en el tiempo de nuestras calamidades más amargas. «En el mundo tendréis aflicción; en mí tendréis paz».
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Peace in Believing
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.