«Líbrame de mis enemigos, oh Señor, porque en Ti me escondo.» Salmo 143:9
Cada día está lleno de peligros, peligros que no podemos ver y de los cuales no podemos protegernos. La enfermedad acecha en el aire que respiramos, y se esconde en el agua que bebemos o en la comida que comemos. A lo largo de la calle por donde caminamos, sobre el ferrocarril por el que viajamos, hay peligros. ¡En cualquier momento podemos ser derribados! Puede haber enemigos que estén conspirando contra nosotros, tramando hacernos daño.
Ciertamente hay enemigos espirituales que están procurando destruirnos. El día más soleado está lleno de ellos. Ninguna selva africana está tan llena de bestias salvajes y sedientas de sangre, como los días comunes de nuestras vidas están llenos de enemigos y peligros espirituales. Estos peligros son invisibles, y por tanto no podemos protegernos de ellos. «¡Estad alerta! ¡Cuidado con los ataques del Diablo, vuestro gran enemigo! Él anda alrededor como león rugiente, buscando a alguna víctima para devorar.» 1 Pedro 5:8
¿Qué, entonces, podemos hacer? Al salir por la mañana podemos ofrecer esta oración: «Líbrame de mis enemigos, oh Señor, porque en Ti me escondo.» Podemos así poner nuestra frágil vida, expuesta al peligro, en las manos de nuestro Dios todopoderoso.
«Echa sobre el Señor tu carga, y Él te sustentará.» Salmo 55:22. No se nos promete que nuestras oraciones quiten los peligros y las tentaciones de nuestro día. No es así, por lo general, como Dios ayuda. Se nos manda echar nuestra carga sobre el Señor, pero no se nos dice que Él la apartará de nosotros. La promesa es que seremos sostenidos y fortalecidos para llevarla.
¡Necesitamos la carga! Es el regalo de Dios para nosotros, y tiene una bendición en sí que no podemos darnos el lujo de perder. La oración no quita nuestras pruebas, pero pone nuestra vida en las manos de Dios, de modo que en Su custodia seremos guardados del daño mientras pasamos por nuestras pruebas. Lleva la gracia de Dios a nuestro corazón para preservarnos de caer en pecado; y la fuerza de Dios a nuestra vida para que seamos victoriosos sobre nuestros enemigos.
¡No orar al entrar en los peligros y las pruebas del día, es enfrentarlos sin la ayuda de Cristo, y seguramente sufrir daño, y posiblemente caer en pecado!
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Any moment we may be stricken down!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.