Pensamientos para las horas tristes
Al inválido le resulta duro no estar haciendo nada, cuando el trabajo está por todas partes — almas pereciendo, la labor de otros progresando, y a veces el poder mental y espiritual consciente de trabajar hinchándose en tu pecho. Pero, ¿qué está haciendo tu Dios mismo? ¿No te está refrenando del trabajo? ¿No está reteniendo su Evangelio de las naciones perecederas, permitiendo que los mejores esfuerzos de sus hijos sean frustrados, aparentemente sin trabajar cuando hay una obra grande por hacer? No es falta de amor — es sabiduría infinita, que ve que esa obra no puede, de manera consistente con decretos que se extienden mucho más allá de nuestro alcance, pero todos sabios, todos llenos de gracia — ser hecha. Todo lo que piensas que harías pertenece a esta obra — o, si no pertenece, se hará sin ti.
Entretanto, tienes tu obra — hay una planta sobre la cual el Jardinero celestial desea prodigar gracias especiales; y mientras con gusto sembrarías la semilla a manos llenas entre los surcos — él te manda yacer indolentemente, según parece, junto a ella, quitar cada hoja muerta, apartar cada insecto invasor y guiar cada brote que despunta.
¿Son estrechos sus designios? Es solo una planta. No, es una planta que ha de florecer por edades. ¡Miles en mundos más resplandecientes pueden regocijarse en ella, y nadie dirá que se prodigaron demasiados cuidados en su primer crecimiento! Esta planta está creciendo en tu corazón — regocíjate por ella y espera el tiempo de Dios pacientemente.
Fuente y atribución
Autor original: Manton Eastburn
Título original: Thoughts for Sad Hours
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Manton Eastburn, publicado originalmente en Grace Gems.