Muchas grandes historias de bendición pueden rastrearse hasta una semilla muy pequeña. Una mujer cuyo nombre se ha olvidado dejó caer un tratado cristiano en el camino de un hombre llamado Richard Baxter. Él lo recogió, lo leyó y eso lo llevó a Cristo. Se convirtió en un cristiano consagrado y escribió un libro titulado «Un llamado a los inconversos», que acercó a muchas personas al Salvador, entre ellas a Philip Doddridge. Doddridge, a su vez, escribió «El surgimiento y progreso de la religión», que condujo a muchos al reino de Dios, entre ellos al gran William Wilberforce. Wilberforce escribió «Una visión práctica del cristianismo», que fue el medio para salvar a una multitud, entre ellos a Legh Richmond. Richmond, por su parte, escribió el libro llamado «La hija del lechero», que ha sido instrumento en la conversión de miles.
El dejar caer aquel pequeño tratado pareció algo muy insignificante; ¡pero ved qué árbol tan maravilloso y de muchas ramas ha brotado de él! Este es solo un ejemplo de las maravillas de la gracia que provienen de los granos más diminutos de la semilla celestial. Una semilla plantada en un corazón, dejada caer por algún obrero muy humilde, tal vez sin darse cuenta, puede no solo salvar un alma para una eternidad de bienaventuranza, sino también iniciar una serie de influencias divinas que alcanzarán a miles de otras vidas. Una simple invitación de su hermano trajo a Simón a Jesús; ¡y qué árbol brotó de esa semilla!
Sigamos adelante, día tras día, dejando caer semillas en cuantos corazones podamos. No siempre sabremos qué llega a ser de ellas, pero de cualquiera de ellas puede surgir una historia de bendición que alcance a miles de almas. Las ramas del árbol nacido de una sola semilla pueden extenderse sobre todas las tierras.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Dropping Seeds
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.