No debemos llevar la cuenta de las ofensas ni de las faltas que ya nos han perdonado. Nunca debería llegar el momento en que digamos que ya no podemos perdonar a alguien más. Cuando estamos sufriendo por alguna herida que otro nos ha causado, y cuando nuestro sentimiento de resentimiento arde como una llama dentro de nosotros, deberíamos recordar que el mal que nosotros hemos hecho a Dios es infinitamente mayor, y que Él, en su amor, nos ha perdonado libremente. ¿No deberíamos, entonces, estar dispuestos a perdonar a otros sus pequeñas ofensas contra nosotros? Por eso nuestro Señor incluyó en la oración que enseñó a sus discípulos las palabras: «Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden.» Él quiere que recordemos siempre que nosotros mismos necesitamos perdón, y que si queremos ser como Él, debemos perdonar como Él perdona.
«Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Soporten unos a otros y perdonen cualquier queja que tengan unos contra otros. Perdonen como el Señor los perdonó.» Colosenses 3:12-13
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Forgive as the Lord forgave you
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.