Aunque vivimos enteramente de la misericordia y el perdón, somos reacios a perdonar las ofensas de nuestros hermanos. Esta parábola muestra cuánta provocación recibe Dios de su familia en la tierra, y cuán obstinados son sus siervos. Hay tres cosas en la parábola:
1. La maravillosa clemencia del señor. La deuda del pecado es tan grande que no somos capaces de pagarla. Véase aquí lo que merece todo pecado; esta es la paga del pecado, ser vendido como esclavo. Es la necedad de muchos que están bajo fuertes convicciones de sus pecados imaginarse que pueden hacer a Dios satisfacción por el agravio que le han hecho.
2. La severidad irrazonable del siervo hacia su consiervo, a pesar de la clemencia de su señor para con él. No es que podamos tomar a la ligera el agraviar a nuestro prójimo, pues eso es también un pecado contra Dios; pero no debemos agravar el agravio que nuestro prójimo nos hace, ni maquinar venganza. Llevemos a Dios, y dejemos en él, nuestras quejas, tanto de la maldad de los malos como de las aflicciones de los afligidos.
3. El señor reprendió la crueldad de su siervo. La grandeza del pecado magnifica las riquezas de la misericordia que perdona; y la consoladora conciencia de la misericordia que perdona hace mucho para disponer nuestros corazones a perdonar a nuestros hermanos. No hemos de suponer que Dios perdona efectivamente a los hombres y luego les toma en cuenta su culpa para condenarlos; sino que esta última parte de la parábola muestra las conclusiones falsas que muchos sacan respecto a que sus pecados han sido perdonados, aunque su conducta posterior demuestra que nunca entraron en el espíritu ni experimentaron la gracia santificadora del evangelio. No perdonamos debidamente a nuestro hermano ofensor si no perdonamos desde el corazón. Pero esto no es suficiente; debemos buscar el bien aun de aquellos que nos ofenden. ¡Con cuánta justicia serán condenados aquellos que, aunque llevan el nombre cristiano, persisten en el trato despiadado de sus hermanos! El pecador humillado se apoya únicamente en la misericordia libre y abundante, mediante el rescate de la muerte de Cristo. Busquemos cada vez más la gracia renovadora de Dios, para que nos enseñe a perdonar a otros como esperamos el perdón de él.
Mateo 19
Jesús entra en Judea (Mateo 19:1,2)
Grandes multitudes seguían a Cristo. Cuando Cristo parte, lo mejor para nosotros es seguirle. Lo hallaron tan capaz y dispuesto a ayudar en otra parte como lo había estado en Galilea; dondequiera que se levantaba el Sol de Justicia, era con sanidad en sus alas.
La pregunta de los fariseos acerca del divorcio
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 18:21-35
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.