Permaneced en mí.
«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» Juan 15:4-5
Si de veras deseáramos que Cristo permaneciera siempre con nosotros, Él nunca se alejaría. ¡Qué vida de bendición y de gozo viviríamos si Él estuviera verdaderamente siempre con nosotros! La comunión ininterrumpida con Él mantendría el cielo cerca de nosotros todo el tiempo; y así estas nuestras vidas terrenales, tan mezquinas, serían penetradas y traspasadas por la dulzura y la fragancia de la santidad, y transformadas a la semejanza del propio Cristo.
Entonces todas las experiencias de la vida serían transfiguradas. El gozo sería más puro, y aun el dolor sería iluminado. A lo largo de toda la vida esta debería ser nuestra oración continua; entonces, en la muerte, nuestra comunión terrenal con Jesús resplandecerá en gloria celestial junto a Él.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Abide in Me
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.