«Y les refería Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar.» Lucas 18:1.
El éxito que acompañó a la importunidad y la perseverancia de la pobre viuda, cuyo caso se menciona aquí, debería estimularnos y animarnos en nuestros acercamientos al escabel divino. La persona a quien ella se dirigía era un juez injusto y de corazón endurecido. Pero Aquel con quien tenemos que ver es muy compasivo y de tierna misericordia, más dispuesto a oír que nosotros a orar; y se deleita en dar no solo más de lo que merecemos, sino sobreabundantemente por encima de todo cuanto podamos pedir o desear.
«Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.» Colosenses 4:2. Ha de recordarse, sin embargo, que la oración que Dios honra y en respuesta a la cual concede sus bendiciones prometidas es una oración sincera, ferviente y luchadora. Tal fue la oración de Jacob en la memorable noche que precedió a su encuentro con su hermano Esaú. «Y quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y él respondió: No te dejaré, si no me bendices.» ¡Y fue bendecido! Como un príncipe tuvo poder con Dios y prevaleció. Oh cristiano, aspira a su espíritu, para que alcances su mismo éxito. Nuestras peticiones formales, sin vida y tibias son del todo inútiles; pero «la oración eficaz del justo puede mucho».
¡Oh, qué perdedores somos por no poseer más de tal espíritu! Por falta de él es que en la aflicción no somos consolados; que en la perplejidad no somos dirigidos; que en la tentación no somos preservados. Por falta de él somos estériles cuando podríamos abundar en todos los frutos de justicia; que somos indigentes cuando podríamos haber sido ricos en fe; que somos enanos cuando podríamos haber sido gigantes espirituales. No tenemos porque no pedimos, o porque pedimos mal; y ciertamente pedimos mal si pedimos con ese espíritu de frialdad e indiferencia tan común.
Pero a la sinceridad debemos añadir la perseverancia. Se pregunta acerca de ciertos formalistas: «¿Invocarán siempre a Dios?», pregunta que implica que su celo y su importunidad pronto pasarán. No nos basta con estar ansiosos y fervientes por un breve tiempo, sino que debemos perseverar hasta obtener la bendición. Nuestro fervor no debe ser como un mero fogonazo de paja; debe más bien parecerse a la sagrada llama del altar judío, que, encendida por el aliento del cielo, nunca se apagaba. Oh lector, guárdate de refrenar la oración delante de Dios; pero procura, al entregarte a este sagrado ejercicio, hacerlo con importunidad por un lado y con perseverancia por el otro.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Persevering Supplication
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.