La vida de Cristo para cada día

Pescadores llamados a seguir al Señor

El Señor de la gloria eligió a pobres pescadores para sus íntimos compañeros, manchando todo orgullo humano y enseñándonos a no mirar con desprecio a nadie, pues él vino a hacernos pescadores de hombres.

¿No fue un alto honor seguir al Señor Jesús de lugar en lugar, oír su palabra tanto en privado como en público, y contemplar sus obras de poder y de amor? ¿A quién llamó para disfrutar este honor? A pobres pescadores ignorantes; estos llegaron a ser sus compañeros íntimos, sus amigos más cercanos y sus santos apóstoles. Así, nuestro glorioso Señor manchó el orgullo de toda gloria humana; como lo había hecho antes, al yacer en un pesebre, y como lo haría después, al morir en una cruz entre dos ladrones. ¡Cuán mal sienta el orgullo a nosotros, cuando el Señor de la gloria fue tan humilde! ¿Debemos mirar con desprecio a alguien como indigno de nuestra atención, cuando el Hijo de Dios fue tan condescendiente? Es verdad que hay diferentes posiciones en la sociedad, y algunas se consideran altas y otras bajas. Es bueno que esta diferencia exista; es el sabio designio de Dios. Pero no es su voluntad que los ricos desprecien a los pobres; no, él nos ha hecho a todos de una sola sangre, y nos ha mandado amarnos unos a otros como hermanos.

Jesús podría haber elegido príncipes por compañeros, o incluso ángeles, y enviarlos como ministros de su Evangelio; pero prefirió preparar a pobres pescadores para la obra gloriosa. Antes de enviarlos, les enseñó durante tres años, y después el Espíritu les hizo conocer en un momento diversas lenguas. La educación es hoy una preparación importante para la obra del ministerio, pues los dones maravillosos que gozaron los apóstoles ya no se conceden.

Estos hombres se ocupaban honradamente en su trabajo cuando Jesús los llamó. Cuando Dios llamó a Moisés, este guardaba ovejas; a Gedeón, lo halló trillando; a Eliseo, guiando el arado. La diligencia en nuestras ocupaciones comunes agrada a Dios; un cristiano no debe ser perezoso en sus negocios. Sin embargo, estos hombres no estaban tan apegados a su oficio ni a sus ganancias como para preferirlos al servicio de Jesús. Cuando los llamó, lo dejaron todo y le siguieron. No los sobornó ni los atrajo prometiéndoles recompensas terrenales; les dijo claramente que su propósito al llamarlos era hacerlos pescadores de hombres. La red que en adelante usarían sería la Palabra de Dios; los peces que atraparían, las almas de los hombres; y la recompensa que obtendrían, una corona celestial. Habían trabajado a menudo en la pesca, pero trabajarían con mayor arduidad en la predicación; hallarían a los hombres más difíciles de atrapar que a los peces, y el odio del mundo más terrible de soportar que los vientos y las olas. Cristo tiene hoy muchos pescadores fieles que, por amor de su nombre, trabajan para convertir almas. ¿Ha sido en vano su labor por nosotros? ¿Hemos sido ya atrapados en la red del Evangelio, cautivos voluntarios? El pobre pez, en verdad, halla la muerte en la red, pero nosotros hallamos en ella la vida. Bien puede el pez luchar y esforzarse por escapar; pero en nosotros sería la mayor de las locuras; porque el día en que un pecador perecedero es atrapado en la red celestial, es el primer día feliz de su existencia; aun las lágrimas del penitente son más dulces que la risa del mundo.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ calls Peter, Andrew, James, and John

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura