Somos muy dados a poner las manos en la obra. Como Uza, hemos de sostener el arca cuando la vemos tambalearse; cuando la fe vacila, acudimos a echar una mano. Pero esto perjudica la obra de Dios en el alma. Si el todo ha de ser un edificio espiritual; si somos "piedras vivas" edificadas sobre una Cabeza viva, cada piedra de ese templo espiritual debe ser colocada por Dios el Espíritu. Y si así es, todo lo de la naturaleza, de la criatura, del yo, debe ser efectivamente abatido, para que Cristo lo sea todo, para que Cristo, y solo Cristo, sea formado en nuestro corazón, la esperanza de gloria.
¡Cuántas pruebas habéis pasado algunos de vosotros! ¡cuántos ejercicios agudos y cortantes! ¡cuántas tentaciones acosadoras! ¡cuántos desmayos del corazón! ¡cuántos dardos de fuego del infierno! ¡cuántas dudas y temores! ¡cuánta dura servidumbre! ¡cuántas cadenas que hieren! ¡cuántas veces el hierro mismo entró en el alma! ¿Por qué? Para que seáis impedidos de añadir con vuestras propias manos una sola piedra al edificio espiritual. El Apóstol nos dice que "nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto", a saber, Jesucristo. Luego habla de los que edifican "madera, heno y hojarasca", así como de los que usan "oro, plata y piedras preciosas"; y que la "madera, el heno y la hojarasca" han de ser quemados con fuego.
Es después que el Señor ha puesto un fundamento en la conciencia del pecador, lo ha acercado a sí, ha hecho a Jesús precioso para su alma y ha suscitado esperanza y amor en su corazón, cuando él es tan propenso a tomar materiales que Dios jamás reconoce, "madera, heno, paja, hojarasca", y a levantar con ellos una endeble superestructura propia. Pero ésta cede en la hora de la prueba; no resiste una sola ráfaga de tentación. Una chispa de la ira venidera, un descubrimiento de la terrible majestad de Dios, quemará esa "madera, heno y hojarasca" como paja en el horno. El pueblo del Señor tiene, por tanto, que pasar por tribulaciones, pruebas, ejercicios y tentaciones, dudas y temores, y por toda esa senda acosadora que suele recorrer, a fin de que se le impida levantar una superestructura de la naturaleza sobre el fundamento de la gracia, "madera, heno y hojarasca" sobre el glorioso misterio de un Dios encarnado.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.