El Señor suele dar a su pueblo poder para lanzar una mirada anhelante y languideciente a la sangre y a la justicia de Jesús; para acercarse al Señor como «poderoso para salvar», con los mismos sentimientos con que Ester entró en la presencia del rey: «Entraré, y si perezco, que perezca.» Con ellos acontece a veces como a los cuatro leprosos que estaban sentados a la entrada de la puerta de Samaria: «Y se dijeron el uno al otro: ¿Por qué nos sentamos aquí hasta morir? Si decimos: Entraremos en la ciudad, entonces el hambre está en la ciudad, y allí moriremos; y si nos quedamos aquí sentados, también morimos. Ahora, pues, vamos, y echemosnos al campamento de los sirios; si nos conservan la vida, viviremos; y si nos matan, moriremos» (2 Reyes 7:3-4). Y así los del Señor son llevados a veces a este estado: «Si perezco, pereceré a los pies de su estrado.» Si él no da respuesta de misericordia, aun así se aferrarán a sus pies y le suplicarán que los mire y los salve.
Y esto es «poder», poder real. La desesperación se habría apoderado de su alma si no se les hubiera dado este poder secreto. A veces aprendemos esto por dolorosa experiencia. Nuestras pruebas a veces nos aturden, y entonces no hay poder para buscar ni para orar. Pero cuando se da poder, hay un clamar al Señor, un derramarse los deseos del corazón tras él, y un cumplimiento en el alma de la experiencia descrita por el profeta: «Esperaré al Señor, que esconde su rostro de la casa de Jacob, y lo aguardaré.»
Dios da también poder para creer; porque es obra del bendito Espíritu suscitar fe viva en el corazón. Da poder para esperar; porque sólo en la medida en que comunica poder podemos lanzar este ancla del alma. Da poder para amar; porque sólo conforme él da poder sentimos alguna medida de afecto, ya sea al Señor o a su pueblo. En una palabra, todo deseo espiritual, todo aliento de oración ferviente, todo movimiento del alma hacia el cielo, toda confianza en el nombre de Dios, todo apoyarse en su palabra y todo asirse de sus promesas, brotan del poder comunicado por el Señor al cansado y al débil.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: August 31
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.