Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Por el camino recto hacia la ciudad de habitación

Cuando el Señor conduce, podemos seguir; todo camino de Dios resulta al fin camino recto que nos conforma a Cristo y nos lleva a la celestial ciudad de habitación.

Cuando el Señor conduce, podemos seguir. El sendero puede ser áspero, pero si el Señor sostiene, podemos andar por él sin tropezar. Todo lo que el Señor manda podemos hacerlo si tenemos su presencia; todo lo que él nos llama a sufrir podemos soportarlo si tenemos la aprobación de una buena conciencia y su sonrisa favorable. ¡Oh, las maravillas de la gracia soberana! La cruz no es cruz si el Señor da fuerzas para llevarla; la aflicción no es aflicción si el Señor sostiene bajo ella; la prueba no es prueba si está endulzada por su sonrisa, y el dolor no es pena si está aliviado por su amor. Es nuestra inquietud, incredulidad, razonamiento carnal, rebelión y autocompasión lo que hace un camino áspero un camino equivocado; pero la gracia, en su poder todoconquistador, no solo somete toda dificultad exterior, sino que, lo que es su mayor triunfo, somete toda dificultad interior.

Es, y debe ser siempre, uno de los principios más firmes de nuestra fe, que todo camino ha de ser, al fin, un camino recto si es el camino de Dios. ¿Y no es, según el veredicto de nuestra propia conciencia, un camino recto el que nos saca del mundo, del pecado, de nosotros mismos, del orgullo y de la propia justicia, de toda forma de mal, para llevarnos a todo lo que es bueno, santo, gracioso, aceptable, salvador y santificador; a todo lo que pueda conformarnos a la imagen de Cristo, que fue varón de dolores y experimentado en quebranto, y hacernos aptos para la herencia de los santos en luz?

¿Y cuál es el fin de toda esta conducción y dirección? «Para que viniesen a ciudad de habitación»: la nueva Jerusalén, la ciudad gloriosa que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Allá se han ido antes algunos de nuestros seres queridos; allí habitan como ciudadanos de aquella ciudad dichosa, toda de oro puro, semejante al vidrio limpio; una ciudad que no tiene necesidad de sol ni de luna que resplandezcan en ella, porque la gloria del Señor la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Esta es la ciudad de habitación donde los santos habitarán para siempre; y el Señor va conduciendo a cada uno de sus peregrinos del desierto por el camino derecho, para llevarlos por el mismo sendero a su presencia eterna y al disfrute de aquellos placeres que están a su diestra para siempre jamás.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: March 24

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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