Es natural suponer que la vista de un espíritu partida despertaría a un alma descuidada. El rico imaginaba que sus hermanos se apartarían del pecado si Lázaro se les apareciera en medio de su lujo y de su alegría, y les dijera: «Yo soy el mendigo que yacía a la puerta; soy ahora habitante del cielo; participo del banquete inmortal; me siento con los santos y contemplo el rostro de Dios; he visto a tu hermano, no está con nosotros; oí un lamento lastimoso, era su voz; ardía en las llamas del infierno; me rogó que mojara su lengua con la punta de mi dedo, pero no se le concedió. Él se ha acordado de vosotros. Vivió una vez, como vosotros ahora, una vida mundana y descuidada; sabe cómo terminarán vuestras vidas; teme que os unáis a él en el lugar de tormento».
El rico suponía que semejante voz de advertencia alarmaría a sus hermanos, los detendría en su carrera pecaminosa y los volvería a Dios. Pero el Señor no ha designado este modo de tratar con los hombres. Podría haber hecho de los difuntos los ministros de los vivos; cada pariente muerto podría haber vuelto a aparecer, los felices para hablar de su dicha y los miserables para hablar de su miseria. Pero Dios dispuso otro método. Habló a los santos de antaño y les enseñó a escribir las palabras que les dictaba. Designó a hombres vivos para hablar de aquellas santas palabras a sus semejantes. Este es el método de Dios. Miles y decenas de miles se han salvado por estos medios. Han creído el mensaje escrito y al predicador vivo, y han huido de la ira amenazada.
El método del Señor tiene que ser el camino más excelente. Si queremos salvar las almas de los hombres, debemos dejarles oír la palabra de Dios, que él habló por Moisés, por los profetas, por su propio Hijo y por sus apóstoles. Esa palabra ha despertado a familias enteras, tan descuidadas como los hermanos del rico, y las ha salvado del lugar de tormento. Cada alma que llegue a la morada de la dicha, trazará su llegada allí a haber oído la palabra de Dios. No necesitaremos la Biblia en el cielo, porque estaremos con Aquel que la escribió; pero seguramente no será olvidada allí. Tampoco será olvidada en el infierno. Añadirá fierceness a las llamas recordar las advertencias despreciadas, las promesas menospreciadas y las invitaciones rechazadas de la palabra de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: Abraham's reply to the rich man
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.