Peor que la aflicción
El pecado es peor que la aflicción. Hay más maldad en una gota de pecado que en un mar de aflicción, pues el pecado es la causa de la aflicción, y la causa es mayor que el efecto. ¡La espada de la justicia de Dios permanece quieta en su vaina hasta que el pecado la saca!
La aflicción es buena para nosotros: "Bueno me es haber sido humillado" (Salmo 119:71).
La aflicción produce arrepentimiento (2 Crónicas 33:12). La víbora, al ser golpeada, vomita su veneno. Así también, cuando la vara de Dios nos golpea con aflicción, ¡escupimos el veneno del pecado!
La aflicción mejora nuestra gracia. El oro es más puro, y el enebro más dulce, cuando están en el fuego.
La aflicción previene la condenación. "Somos disciplinados, para que no seamos condenados con el mundo" (1 Corintios 11:32).
Así, la aflicción es de muchas maneras para nuestro bien, pero no hay bien en el pecado. La aflicción de Manasés lo llevó a la humillación y al arrepentimiento, pero el pecado de Judas lo llevó a la desesperación y a la condenación. La aflicción solo alcanza el cuerpo, pero el pecado va más allá: envenena la mente, desordena los afectos. La aflicción es correctiva; el pecado es destructivo. La aflicción solo puede quitar la vida; el pecado quita el alma (Lucas 12:20).
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Watson
Título original: La Doctrina del Arrepentimiento — W orse
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.