Espero aflicciones de una u otra clase mientras esté en el cuerpo. Nuestras aflicciones pueden revestir diferentes aspectos según las distintas etapas de nuestra vida, pero nos acompañarán tan de cerca como la sombra al cuerpo. Mientras habite en Mesec, puedo esperar guerras; mientras me ocupe del pecado y de la vanidad, la vexación y la tribulación me asistirán. Así como no puedo ser perfecto en santidad fuera del cielo, tampoco puedo ser perfecto en felicidad ausente de Dios. Mis sufrimientos y aflicciones son dolorosos; pero que yo deba pecar antes de sufrir, ofender a Dios antes de ser afligido, debiera afligir mi alma más íntima.
Tengo razón para temer que soy un hijo muy obstinado, que necesita tanta corrección. Pero me consuela que sufro el castigo como hijo de Dios. Aquel que no tiene un largo viaje por delante, sino que permanece sentado en su propia casa, puede escapar de la tempestad y esconderse de la tormenta; pero el que parte hacia otra tierra no puede esperar caminar siempre por la senda florida o bajo el sol agradable, sino que hallará un río que cruzar y un monte que escalar; tendrá oscuridad alrededor y truenos rugiendo sobre él, la tempestad acompañando sus pasos y la tormenta estrellándose contra él; y quizá enemigos acechándolo. Así sucede con el viajero hacia el cielo, pues por mucha aflicción y muchas tribulaciones entraremos en el reino.
Además, la aflicción es tan necesaria para la salud del alma como el ejercicio para la salud del cuerpo. Acueste a un hombre en su lecho y déjelo que no levante la cabeza sino para comer y beber: ¿cuán pronto no quedaría bueno para nada, y aun perdería su propia salud? Así también, déjese al santo sin aflicciones, y sus gracias pronto se tornarán lánguidas, y su alma enferma y débil. Pero la aflicción nos levanta de nuestra pereza, nos hace correr a Dios, invocar el auxilio divino, ver la vanidad de la criatura y anhelar el estado celestial. «Los impíos no tienen cambios». Pues bien, ¿está su corazón lleno de ardiente gratitud hacia el Dios de sus misericordias? ¡No! «¡Por tanto no temen a Dios!» Por el contrario, los santos son afligidos, y se allegan a Dios, y guardan sus estatutos mejor que antes.
La corrupción está tan entretejida con nuestra naturaleza, que en toda condición y hacia toda relación podemos ofender; pero la Providencia lo ha ordenado de modo que, en toda condición y desde toda relación, nos vendrán aflicciones de una u otra clase; y si nos corrigen donde erramos, y mortifican nuestra corrupción, debemos recibirlas con agrado.
La escuela de la cruz es la escuela de Cristo; y allí deben ser enseñados todos los hijos de Dios, para prepararlos para el perfecto estado de gloria. Un hombre ignorante que viera al marinero embarcando tanto peso de lastre en su nave, supondría que intenta hundirla en el mar; así también, por mucho que el mundo piense, las tribulaciones y pruebas de los santos nunca los hundirán, sino que los preservarán de ser volteados por cada ráfaga, para que lleguen con seguridad al puerto de descanso, teniendo su ancla fija dentro del velo.
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: The necessity of afflictions while we live
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.