La soledad endulzada

Por qué las aflicciones presentes no deben abatir al cristiano

Si una aflicción breve fuera seguida de felicidad eterna, ¿por qué desalentarse? El cristiano, heredero de Dios, debe sopesar sus pruebas junto a la dicha inefable que le aguarda.

¿Se afligiría alguien por una aflicción que durara sólo un día, si tuviera la seguridad de que toda su vida posterior sería felicidad y paz? Aunque por este breve tiempo pasara hambre, sed, desnudez, prisión, oprobio, vilipendio, envidia, odio, desprecio, burla de los aduladores, abandono de los amigos, insultos de los enemigos, y fuera el espectáculo de todos; con todo, ¿no le quitaría filo a todo la certeza de un cambio tan pronto en su favor? ¿No apagaría su hambre y mitigaría su sed la anticipación de la mesa suntuosa en la que se sentaría para siempre, y del vino generoso que correría? ¿No le quitaría la vergüenza de sus andrajos el pensamiento de sus costosos vestidos? ¿No haría soportable su breve encierro el pensamiento de su libertad sin límites? ¿No le quitaría la angustia que pudiera nacer de los opuestos insultos el pensamiento del renombre, el amor y el respeto que poseería dentro de poco?

Ahora bien, ¡oh cristiano! tu caso, en lo peor, no puede ser peor que esto: sufrir, durante el corto día de tu vida, mucha tribulación y muchas aflicciones; mucha angustia y muchas pruebas. Sí, aunque alguna singular desgracia, como guerra, persecución o pestilencia, trajera consigo tu muerte, con todo tu estado eterno está asegurado, ¡y tu salida es hacia la gloria eterna!

¡Cómo! ¿Ha de hacer la pobreza alguna impresión en tu ánimo, tú que eres heredero de Dios y coheredero con Cristo, que caminarás sobre calles de oro? ¿Ha de turbarte la prisión, tú que caminarás con libertad en el paraíso de Dios por el día eterno? ¿Ha de producir un rubor en tu rostro la vergüenza, tú que serás confesado por tu divino Maestro delante de su Padre celestial y de todos sus santos ángeles? ¿Ha de afectarte la necesidad de cualquier clase, tú que estás completo en aquel en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad? ¿Han de abatirte las decepciones, repetidas, agravadas decepciones, tú cuyo amigo seguro gobierna el universo, y nunca te olvidará ni te abandonará? En una palabra, ¿han de desconcertarte los sucesos adversos del tiempo, tú que tienes una eternidad de felicidad por delante, donde tu dicha se extenderá más allá de tus pensamientos más amplios?

Toma, pues, las balanzas y las pesas, siéntate y sopesa la levedad de tus tribulaciones, lo transitorio de tus aflicciones, aun permitiéndoles hostigarte durante toda tu vida, que no es un día, ni un minuto, ni un momento comparado con la eternidad, y con aquella ilimitada e inefable dicha que aguarda a tu mejor vida, a tu estado inmortal en el mundo invisible. Y di si aquella felicidad, que debería ser inseparable de un expectante de la gloria, está en ti. Y di si son más propios de tu estado presente los accesos de desaliento por cuanto te pueda sobrevenir en este mundo, o los cánticos de alabanza por aquel inmenso Todo sin nombre reservado para ti en el mundo venidero.

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: An Argument

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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