La soledad endulzada

Por qué todos los caminos de Dios son justos

Dios es infinito en sabiduría y santo en todas sus obras; aunque el alma caída juzgue desiguales sus tratos, la fe confiesa su equidad y confía en el Pastor que perfecciona lo concerniente a sus santos.

Esta es una verdad que en todo tiempo y en toda circunstancia debe reconocerse: que todos los caminos de Dios son justos e iguales. Sí, deben serlo, pues él es infinito en su sabiduría, excelente en consejo, libre en sus decretos, independiente en su proceder y santo en todas sus obras. Cuando Adán estaba en estado de inocencia, todos los caminos de Dios eran iguales a sus ojos, y admirando la sabiduría del Creador, dio nombre a todas las bestias según su naturaleza; mostrando así su propia sabiduría, sin quejarse del tamaño, forma o fin de su ser. Pero no bien cayó de Dios y se volvió desigual en su camino, se queja aun en la presencia de Dios de que sus caminos no eran iguales: "La mujer que tú me diste para estar conmigo, ella me dio del árbol, y yo comí."

¡Tal, ay!, es el lenguaje de mi queja ante los decretos de la providencia. Si son adversos, me atrevo incluso a preguntarme cómo o por qué Dios trata así conmigo, y así con su pueblo. Y porque mi alma desigual, puesta en guerra consigo misma por el pecado, no puede sondar sus caminos, que trascienden mis concepciones tanto como los cielos trascienden la tierra, concluyo apresuradamente que son desiguales.

¡Ah, necio y vano concepto! ¿Puede haber algo torcido en la mente eterna? ¿Puede alguna acción desviarse del patrón de equidad del Juez de toda la tierra? ¿Puede él, que es armonía y unidad, estar en desacuerdo consigo mismo? Si yo pudiera ojear el plan glorioso en la mente infinita, caería asombrado y confesaría: "¡Todo lo ha hecho bien!" Su sabiduría es la misma, aunque yo no la pueda sondar. Su benigno designio es el mismo, aunque yo no lo pueda comprender. Su equidad es la misma, aunque yo no la entienda.

Aunque en la muerte de mis parientes más queridos, o en cualquier clase de angustia, no pueda saber por qué el cielo obra de tal o cual manera, y por qué el tiempo, el lugar y las circunstancias son tales o cuales; con todo, puedo estar seguro de que hay una igualdad divina en el proceder inmaculado, pues él nunca se apartará de la regla de rectitud para afligir a su pueblo.

Pero, además, ¡qué condescendencia la de Dios en hacer que su pueblo vea la igualdad de sus obras mientras está en este mundo, de modo que clame: "¡Ahora sé que me has afligido en tu fidelidad! ¡Bien para mí que fui afligido!" Y sin embargo, ¿qué si tal perspectiva quedara reservada para la eternidad, cuando el velo sea derribado y todos los caminos de Dios sean mostrados a su pueblo? Basta con que él lo hace, quien es justo en todos sus caminos, abundante en justicia y sobreabundante en bondad. Y aunque no conozca el sentido de los presentes y dolorosos tratos, debería satisfacerme que quien los envía no es solo el Gobernador de las naciones, sino el Pastor de su pueblo, y perfecciona lo que concierne a sus santos.

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: All God's ways equal

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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