Las vigilias matutinas

Prepararnos cada día para el encuentro con Dios

Vivir cada mañana como si fuera la última es el camino del sabio. Cristo canceló el aguijón de la muerte para que su pueblo descanse confiado cuando sea llamado al encuentro eterno.

Oh Dios eterno, autor de mi ser y benefactor incansable, deseo presentarme de nuevo esta mañana ante ti, agradecido por tus misericordias. En vez de hacer de mi lecho un lecho de muerte, me encuentras otra vez entre los vivos para alabarte. Ojalá viviera cada día y me levantara cada mañana como si fuera el último, como si mi próximo despertar fuera en la aurora de la inmortalidad.

Señor, qué poco me impresionan los solemnes avisos de muerte a mi alrededor. Amigos partiendo, conocidos desapareciendo; la proclama resuena: «Estad también vosotros apercibidos». Que mis lomos estén ceñidos y mi lámpara encendida. Que no espere a llenar mi vaso hasta oír la voz del Esposo. Que ahora repose toda mi confianza en Jesús, para que la hora que para el inadvertido es de terror sea para mí el umbral de un mundo de gozo sin fin.

Hazme sentir que «el aguijón de la muerte es el pecado», y que solo cuando sé mis pecados cancelados en la sangre del Fiador estoy listo para partir. «Para mí el vivir es Cristo», para que el morir sea ganancia. Cuando llegue la hora, hazme dormir dulcemente en Jesús y oír su voz de amor: «Soy yo, no temáis».

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: FOR PREPARATION FOR DEATH

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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