«Os ruego, pues, hermanos, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» Romanos 12:1-2
El presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo a Dios, acompañado de oración sincera y de la lectura de las Escrituras, es el mejor medio para conocer la voluntad de Dios. Descuidar esto y emplear otros medios es tentar a Dios y exponernos a las tentaciones y zarandeos del maligno. Podemos creernos divinamente convencidos por la fe acerca de la voluntad de Dios, aunque sigamos nuestras propias imaginaciones y echemos a perder lo mejor de nuestras acciones. La voluntad propia suele tomar resoluciones apresuradas y está acompañada de una gran seguridad, mientras que Dios muy a menudo conduce a su pueblo por un camino que no conoce y emplea métodos completamente distintos de los que ellos habrían adoptado. «El que cree, no se apresura» (Isaías 28:16). Que cada uno tenga cuidado de no confundir la voluntad propia y las representaciones plausibles con convicciones divinas y seguranzas de la fe, y que se examine primero estrictamente, para ver si su cuerpo, alma, voluntad y afectos están enteramente entregados al beneplácito y a la voluntad de Dios; pues Dios requiere el servicio del hombre entero, es decir, el sacrificio de todo nuestro ser a Él en todo tiempo, no solo en la iglesia, sino también en todos los demás lugares. ¡Dios y Padre mío, confórmame a tu voluntad; lléname de tu propio amor y haz de mí una representación fiel de tu Hijo!
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — May 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.