Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Prosigo hacia lo que aún no he alcanzado

El apóstol Pablo confiesa que ni él había alcanzado la perfección; nuestras caídas y deficiencias, sin embargo, son sobrerregidas para despertarnos a proseguir la carrera hacia Cristo.

El apóstol Pablo, acaso el más grande santo que haya vivido sobre la tierra, tuvo que confesar que ni él había alcanzado. Había en Cristo más de lo que él había visto, conocido, sentido, gustado, palpado y realizado jamás. Había alturas en su gloria, profundidades en su amor, en sus sufrimientos, en sus amargas agonías en el huerto y en la cruz, que sobrepasaban toda aprehensión y comprensión. Por eso dice: "No que lo haya alcanzado ya." Sigo siendo un niño aún, un aprendiz aún, tan débil como siempre, tan impotente como siempre para obtener lo que necesito. Aunque prosigo; aunque olvido lo que queda atrás y me extiendo a lo que está delante; aunque sé a qué aspiro y qué busco; aunque mi ojo es sencillo y mi corazón sincero, con todo, no es conmigo como si ya hubiera alcanzado.

Póngase usted en esa balanza; y para medirse bien, considere estas cosas. ¿Prosigue usted? ¿Ve que hay algo que ha de ser gustado, palpado, sentido y realizado de las preciosas cosas de Dios? ¿Ha tenido alguna vez sorbos, gustos, gotas, anticipos? ¿Se ha derretido, ablandado y entibiado alguna vez su corazón por la bondad y la misericordia de Dios, por el amor de Cristo? ¿Sentó alguna vez que había una dulzura, una bienaventuranza y una dicha en las cosas de Dios con la cual nada podría compararse? ¿Ha sido abierto y ensanchado su corazón por el amor de Dios, de modo que sintió aquella espiritualidad de mente que es vida y paz; y si hubiera podido permanecer en ese lugar, habría sido para usted todo lo necesario para mirar la muerte de frente con serenidad?

Ahora bien, son estos sorbos, gustos y gotas, estos dulces descubrimientos de lo que el Señor es para las almas creyentes, los que despiertan los deseos del corazón y lo capacitan para proseguir. Pero interviene la tiniebla: el Señor se retira, el pecado obra, Satanás tienta, las pruebas confunden la mente, la incredulidad se levanta y comienza a ponerlo todo en duda. Entonces no hay proseguir. Todo se ve tan oscuro, tan sombrío; las cosas divinas están tan fuera de la vista; las dudas y los temores se apoderan tanto de la mente; y parece que quedamos tan cortos, tan cortos, que surge la pregunta de si no vendremos a quedar cortos al fin; si no nos habremos engañado; si todo lo sentido no habrá sido una dreadful ilusión. Y, con todo, vea cómo obra esto. Cómo sacude la mente; cómo nos hace buscar una y otra vez poseer realidades; cómo parece abrir de nuevo los ojos para ver qué es la verdadera religión, y que consiste en las enseñanzas y operaciones del Espíritu Santo sobre el corazón. Así, nuestras propias faltas, deficiencias y quejas son bondadosamente sobrerreguladas y hechas obrar graciosamente para incitarnos a correr de nuevo la carrera que nos está propuesta. Pero téngalo por seguro: el santo más favorecido sobre la tierra tendrá razón para decir con Pablo: "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto", esto es, maduro y dispuesto. No perfecto en entendimiento, ni perfecto en corazón, ni perfecto en labios, ni perfecto en vida. Todo santo de Dios habrá de confesar imperfección: imperfección estampada sobre todo lo que tiene y es; imperfección sobre todo, excepto sobre la obra del Hijo de Dios en la cruz y la obra de Dios el Espíritu Santo en el alma.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: February 11

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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