Breves pensamientos para los seguidores de Jesús

Prosperidad espiritual

El alma próspera crece y avanza por la poda de las aflicciones y el alimento de la Palabra, hasta dar fruto para gloria de Dios.

"Amado, yo deseo que tú seas prosperado y tengas salud, así como prospera tu alma." 3 Juan 3

Un alma próspera no es una que está estacionaria, mes tras mes y año tras año en la misma condición, sino una en la cual hay crecimiento y progreso. Esta es la característica principal de la prosperidad del alma, como lo es de la prosperidad de cualquier otra clase. Cuando una nación prospera, sus diversos intereses se extienden. El comerciante próspero es aquel que sube de un peldaño a otro, hasta alcanzar un estado de suficiencia e independencia. Existen diversos medios por los cuales se alcanza la prosperidad espiritual.

Uno de ellos son las dispensaciones aflictivas con las cuales Dios visita a su pueblo. Este es el gran fin para el cual se envían las aflicciones. ¡Y cuántos, en relación con este fin, han tenido razón para bendecirle por su mano que aflige! No pocos han comprobado por feliz experiencia que un lecho de enfermedad ha sido frecuentemente una especie de semillero, donde sus gracias han crecido mucho más deprisa que cuando estaban expuestas al clima más frío de un mundo ocupado y bullicioso.

Es un espectáculo agradable ver una planta o un árbol creciendo. Ningún amante de la naturaleza puede contemplar tal objeto, cubierto del follaje más exuberante y cargado de fruto, sin emociones placenteras. Ahora bien, esto es un emblema del creyente próspero. El pueblo de Dios es presentado a menudo bajo tal figura. Son "árboles de justicia, plantío de Jehová, para que él sea glorificado." Pero en ambos casos hay un proceso, en apariencia dañino, que con frecuencia ha de llevarse a cabo antes de que el fruto sea llevado a perfección. El jardinero conoce bien el valor del cuchillo de poda; y a menudo no es con mano tibia que ha de usarlo. Alguien ignorante del propósito del proceso podría decir: "¡Qué pena cortar esas ramitas y esas ramas tan hermosas, que crecen tan lozanas!" Pero no es ninguna pena. Esos brotes extravagantes consumen aquella savia vegetal que las otras partes necesitan, y solo cortándolos se restablece el debido equilibrio y se da salud conveniente a toda la circulación.

Y así ocurre con los árboles de justicia. Mediante aflicciones, mediante diversas cruces y desilusiones, Dios tiene que podarlos. A menudo, como el celestial Jardinero, acude a tal operación, una operación que puede ser severa en sí misma, pero beneficiosa en su influencia, por la cual desvía el flujo de sus inclinaciones y afectos de correr hacia los lados y hacia abajo, y los conduce hacia arriba, a él mismo. Tales son las aflicciones; tal su naturaleza y su designio. Y de ahí el lenguaje del Salvador: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que lleva fruto, lo limpia, para que lleve más fruto." Tal es la conexión entre la poda y el llevar fruto; o, en otras palabras, entre las dispensaciones aflictivas de Dios y un alma próspera.

Y así ocurre con los medios de gracia, tanto en público como en privado. La Palabra de Dios es el alimento del espíritu renovado. "Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis." Es el instrumento no solo de engendrar la vida divina, sino de hacerla avanzar y perfeccionarla.

Sea, pues, este mi principal anhelo: que mi alma prospere. Al escudriñar la Palabra de gracia, y en todas mis aproximaciones al Trono de gracia, sea este mi gran objetivo. Y si Dios pone aflicción sobre mí, déjeme bendecirle por esa aflicción, si por medio de ella hace que mi alma tenga salud y prospere eminentemente.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Spiritual Prosperity

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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