Cuenta de un gran artista que, al pintar sus cuadros inmortales en el techo de la basílica de San Pedro, llevaba una pequeña lámpara sujeta a la frente en su gorra, para que ninguna sombra de sí mismo cayera sobre su obra. Bien haríamos nosotros en aprender a llevar siempre así la luz con que trabajamos, de modo que el YO nunca se interponga entre nuestra lámpara y nuestra obra. Debemos relacionar nuestra propia personalidad con nuestro servicio de manera que jamás proyecte sombra sobre las cosas que hacemos para Cristo.
No es fácil movernos por la vida sin que algún estado de ánimo o sentimiento propio afecte nuestro espíritu o temple mientras continuamos con nuestro deber. Muchas veces la tentación es fuerte. Las cosas no salen del todo a nuestro gusto. Otras personas no nos dispensan el honor o el respeto que creemos merecer. La tendencia es sentirnos heridos y luego dejar que esa conciencia del agravio afecte nuestro interés en la obra o nuestras relaciones con los compañeros. Pero este no es el modo cristiano, ni el modo en que Jesús obraría. Ninguna aparente o real falta de consideración hacia nosotros debería hacernos menos fieles. La susceptibilidad no figura entre los frutos del Espíritu.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - March 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.