Si los dos discípulos no hubieran constreñido a Jesús para que se quedara con ellos, Él habría pasado adelante, y ellos habrían perdido el gozo bendito de su compañía y la revelación de sí mismo que les hizo al final. La lección es para nosotros. Sin duda perdemos muchos consuelos y bendiciones ricos, porque no constreñimos con earnestidad a Jesús para que more con nosotros. A Él le gusta ser constreñido. No va adonde no se le desea real y earnestamente, adonde su presencia no se busca con anhelo. Solo el amor en nosotros puede recibir y gozar del amor de Cristo.
La única razón por la que no tenemos más comunión bendita con Cristo, es porque en realidad no deseamos más. Él está dispuesto a ser nuestro huésped permanente, entrando con nosotros en cada experiencia: en nuestro trabajo, en nuestros placeres, en nuestra vida social, en nuestras tentaciones y pruebas; pero muchos de nosotros no queremos que Él esté siempre con nosotros. Su presencia interferiría con nuestros métodos de negocios, o con nuestra manera de vivir, o con nuestros goces y entretenimientos. Entonces no le constreñimos a que permanezca con nosotros, y Él pasa adelante, y perdemos la bendición que habría traído.
Si de verdad deseáramos que Cristo permaneciera siempre con nosotros, Él nunca se iría. ¡Qué vida de bendición y gozo viviríamos si Él estuviera en verdad siempre con nosotros! La comunión ininterrumpida con Él mantendría el cielo cerca de nosotros todo el tiempo, y así estas vidas terrenales nuestras, tan mezquinas, serían permeadas y atravesadas por la dulzura y la fragancia de la santidad, y transformadas a la semejanza del propio Cristo. Entonces todas las experiencias de la vida serían transfiguradas. El gozo sería más puro, y aun el sorrow sería iluminado. Durante toda la vida, esta debería ser nuestra oración continua; entonces en la muerte nuestra comunión terrenal se tornará en gloria celestial.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Abide with Us
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.