Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Queremos contemplar a Jesús con nuestros propios ojos

Ver a Jesús solo a través de los ojos de otros no transforma el alma. Cada creyente debe contemplarlo por sí mismo, pues en esa mirada de fe se reciben todas las bendiciones espirituales y se halla la libertad verdadera.

Estos hombres habían oído hablar de Jesús, pero querían verlo por sí mismos. No nos basta ver a Jesús solo a través de los ojos de otras personas. Por más vívidamente que otros describan ante nosotros su belleza, esa no es la visión que nos bendice ni que imprime su imagen en nuestras almas. Debemos contemplarlo nosotros mismos.

En aquellos días terribles del antiguo campamento hebreo, cuando el pueblo era mordido por las serpientes venenosas y fue alzada la imagen de bronce de una serpiente, una madre no podía mirar en lugar de su hijo, ni un amigo en lugar de su amigo. Así sucede también con el contemplar a Cristo. Nadie puede contemplarlo por otro.

Es mediante el ver a Cristo como nos llegan todas las bendiciones espirituales. Cuando estamos abrumados por el pecado, se nos señala al Cordero de Dios que quita el pecado. Cuando buscamos crecer en santidad, se nos exhorta a contemplar, como en un espejo, la gloria del Señor, y ser así transformados a su imagen. Cuando pedimos un modelo para nuestra vida, se nos dice que miremos a Jesús. Muchos esclavos fugitivos, con solo mantener fija la mirada en una estrella, fueron guiados de la esclavitud a la libertad. Mantener nuestros ojos en Cristo nos conducirá de las cadenas del pecado a la gloria eterna.

Estos griegos se acercaron a un discípulo y le pidieron que los presentara a Jesús. ¿Qué servicio más noble podemos prestar en este mundo que el de presentar a las personas a Jesús? Para hacerlo, debemos conocerlo bien nosotros mismos. Pero que nadie piense que realmente necesita que alguien lo presente a Jesús. Una niña estaba muriendo, y decía que no tenía miedo de morir, pero deseaba que su mamá pudiera ir con ella para presentarla a Jesús. "Porque ya sabes, mamá", decía la pequeña, "siempre le tuve miedo a los desconocidos". Pero nadie encontrará a Jesús como un desconocido; él ama ser buscado, que la gente quiera verlo, y siempre se complace en revelarse a todo aquel que lo busca. No es difícil de hallar; está cerca todo el tiempo, y en verdad no necesitamos a nadie que nos lleve a él.

"Fijemos nuestros ojos en Jesús". Hebreos 12:2

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Behold the Lamb of God

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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