Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Quien sufre junto a mi camino es mi prójimo

Cristo redefine el amor al prójimo mediante el samaritano: no es un sentimiento cálido, sino una acción compasiva que se acerca, venda las heridas y socorre al necesitado sin importar quién sea.

Ahora no debemos concluir que los samaritanos, medio paganos, fueran mejores como clase que los judíos, tan altamente favorecidos. Nuestro Señor usa a un samaritano en su parábola porque quiere grabar en nosotros la ley del amor. No importa quién sea el sufriente que encontremos en cualquiera de los caminos de la vida: es nuestro prójimo. Puede ser una persona de muy poco valor; pero eso no importa: es nuestro prójimo. Al mirarlo de cerca, quizá descubramos que es un enemigo. En cierta ocasión nos hizo un daño amargo y cruel, y no tiene ningún derecho a esperar de nosotros simpatía o ayuda; pero eso no importa: es nuestro prójimo. Toda persona de la raza humana que encontremos sufriendo o con cualquier necesidad se convierte, por ese tiempo, en nuestro prójimo, el único prójimo al que por el momento le debemos amor.

Aquí hay más definición: aprendemos lo que significa la palabra «amor». Usted dice: «No puedo amar a la gente odiosa; no puedo amar a los criminales; no puedo amar a un pobre vagabundo». Nadie espera que ame a esas personas como ama a su esposa, a su hijo o a su amigo. No es probable que este samaritano sintiera un afecto tierno por este judío herido mientras lo ayudaba. Los samaritanos no tenían la costumbre de amar profundamente a los judíos. Pero no se puso a mirar al hombre ni a calcular si lo amaba o no antes de empezar a atender sus heridas. Sin embargo, lo amó exactamente como el mandamiento quería que lo amara. Su amor no fue una emoción cálida; fue una obra muy práctica.

Primero fue compasión: tuvo misericordia de él. Pero la compasión a veces es una emoción muy inútil, apenas una lágrima que brota con facilidad y no cuesta nada. Este buen viajero tuvo más que una lágrima. Su compasión le llegó a las manos y al bolsillo. Se acercó al hombre, le vendó las heridas, lo llevó a un mesón y lo atendió hasta que quedó restablecido.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: My Neighbor

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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