Allí donde se concede al alma fe para «recibir» a Cristo, habrá, mezclada con esa fe y benditamente acompañándola, amor al Señor de la vida y de la gloria; y a veces podemos conocer la existencia de la fe cuando no podemos verla, discerniendo los secretos movimientos y actos de amor hacia aquel Salvador en quien Dios nos ha capacitado para creer. Habrá, de cuando en cuando, en las almas vivas un fluir de afecto hacia Jesús. De tiempo en tiempo, él da al alma un vislumbre de su Persona; se muestra, como dice la Escritura, «por las celosías»; pasando acaso de prisa, pero concediendo un destello tan fugaz de la hermosura de su Persona, de la excelencia de su obra consumada, de su amor moribundo y de su sangre expiatoria, que arrebata el corazón y atrae secretamente todo afecto del alma, de modo que hay un seguir de cerca tras él y un salir de los deseos del alma hacia él. Así, a veces al acostarnos, al ocuparnos en nuestros negocios, en nuestros varios quehaceres de la vida; o en otras ocasiones bajo la palabra, o al leer las Escrituras, el Señor se complace en obrar secretamente en el corazón, y hay un derretirse a los pies de Jesús, o un salir secreto, suave y tierno de amor y afecto hacia él, por el cual el alma lo prefiere a miles de oro y plata, y no desea nada tanto como las manifestaciones internas de su amor, gracia y sangre.
Y así un alma viva «recibe» a Cristo; no meramente empujada por la necesidad, sino también atraída por el afecto. No lo recibe solo como una vía de escape de «la ira venidera», solo como algo para salvar al alma de «el gusano que no muere y del fuego que no se apaga»; sino que, mezclada con la necesidad, dulce y poderosamente combinada con ella, entrelazada íntimamente con ella, hay un fluir de afecto genuino y amor sincero que sale hacia él como el único objeto digno del afecto de nuestro corazón, de la adoración de nuestro espíritu y del deseo de nuestra alma. Y no podemos decir que menos que esto corresponda al sentido de la expresión bíblica: «recibir a Cristo».
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.