Mañana y noche

Recibir a Cristo: la gracia que transforma el corazón

La vida de fe se compara con el acto de recibir, un aceptar libre y sin mérito propio; Cristo se vuelve real, propio y sustancial en el corazón del creyente.

La vida de fe se presenta como un recibir: un acto que implica todo lo contrario a cualquier mérito. Es, sencillamente, la aceptación de un don. Así como la tierra bebe la lluvia, como el mar recibe los ríos, como el día recibe la luz del sol, así nosotros, sin dar nada, participamos libremente de la gracia de Dios. Los santos no son, por naturaleza, pozos ni ríos; son solamente cisternas en las que fluye el agua viva; son vasos vacíos en los que Dios derrama su salvación.

La idea de recibir implica un sentido de realización, de hacer real la cosa. Uno no puede recibir propiamente una sombra; recibimos aquello que es sustancial, y así es en la vida de fe: Cristo se vuelve real para nosotros. Mientras estamos sin fe, Jesús es para nosotros un mero nombre, una persona que vivió hace mucho tiempo, tan atrás que su vida es ahora sólo una historia para nosotros. Por un acto de fe, Jesús se vuelve una persona real en la conciencia de nuestro corazón.

Pero recibir significa también asir o tomar posesión. Lo que recibo se vuelve mío; me apropio de aquello que se me da. Cuando recibo a Jesús, Él se vuelve mi Salvador, tan mío que ni la vida ni la muerte podrán arrebatármelo.

Todo esto es recibir a Cristo: tomarlo como el don gratuito de Dios; realizarlo en mi corazón y apropiármelo como mío.

La salvación puede describirse como el ciego que recibe la vista, el sordo que recibe el oído, el muerto que recibe la vida; pero no sólo hemos recibido estas bendiciones, hemos recibido a Jesús mismo. Es verdad que Él nos dio vida de entre los muertos; nos dio perdón de los pecados; nos dio justicia imputada. Todas son cosas preciosas, pero no nos conformamos con ellas; hemos recibido a Cristo mismo. El Hijo de Dios ha sido derramado en nosotros, y le hemos recibido y nos lo hemos apropiado. ¡Cuán henchido de plenitud debe ser el corazón de Jesús, pues ni el cielo mismo puede contenerle!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: November 8 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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