«Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no imputándoles a los hombres sus transgresiones… Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él.» 2 Corintios 5:19, 21
Importa mucho a los creyentes que desean conservar una paz constante en su seno — estar siempre conscientes de su pobreza espiritual y alimentarse y descansar del todo en la expiación y la justicia suficientes de Jesucristo. La inquietud de la mente y la pereza espiritual proceden a menudo de la propia justicia y de no mirar a Cristo para todo — sino confiar en secreto en algo dentro de nosotros. La salvación y todos los medios para obtenerla han de buscarse en Cristo. Ningún otro puede suplir nuestras necesidades ni proveer al creyente aquello que necesita.
A Él, pues, acudamos, y en Él confiemos; así llegaremos a ser espirituales y felices, y así recibirá Él de nosotros el tributo que merece de toda su Iglesia.
Señor, ayúdame a creer que no me imputarás mis transgresiones, porque se las imputaste a Jesús y las castigaste en su cuerpo sobre el madero. ¡Oh, Jesús, yo quisiera diariamente, sí, hora tras hora, mirarte a ti, hecho pecado por mí — para que yo sea hecho justicia de Dios en ti!
El costado traspasado de mi Salvador derramó un doble flujo; por el agua somos purificados, y perdonados por la sangre.
Allí, en el árbol maldito, en angustias mortales yace, cumple el gran decreto de su Padre y suple toda nuestra necesidad.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — February 13
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.