Si la humillante verdad se impone sobre ti, querido lector: «No soy lo que fui; mi alma ha perdido terreno; mi espiritualidad de mente ha decaído; he perdido el fervor de mi primer amor; he aflojado en la carrera celestial; Jesús ya no es como antes la alegría de mi día ni el cántico de mi noche; mi comunión con Dios ya no es tan tierna, amorosa y filial como solía ser», entonces confiesa honesta y humildemente esto delante de Dios. Para ser humillados como debemos serlo, primero hemos de conocernos a nosotros mismos; no puede haber disfraz de nuestra verdadera condición ante nosotros ni ante Dios; no hay que forjar excusas para nuestros retrocesos: la herida debe ser sondeada, la enfermedad conocida y sus síntomas más agravados puestos a la vista. Examina, pues, el estado verdadero de tu afecto hacia Dios; lleva tu amor a él a la piedra de toque de la verdad; considera cuánto ha decaído, y así estarás preparado para rastrear y crucificar la causa de tu declive en el amor.
Donde el amor decae, tiene que haber una causa; y una vez averiguada, debe ser removida de inmediato. El amor a Dios es una flor tierna, una planta sensible, pronto y fácilmente quebrantada; se necesita una vigilancia perpetua para conservarlo sano y creciente. El calor del mundo lo marchitará, la frialdad de la profesión formal con frecuencia lo marchitará: mil influencias, todas ajenas a su naturaleza y hostiles a su crecimiento, están confederadas contra él; la tierra en que está plantado no le es propicia. «En la carne no mora el bien»; todo lo que hay de santidad en el creyente, todo anhelo de conformidad divina, todo vuelo de los afectos hacia Dios, procede de Dios mismo y está allí como fruto de la gracia soberana.
Busca, pues, y remueve la causa del decaimiento de esta preciosa gracia del Espíritu; no descanses hasta descubrirla y traerla a la luz. Si resulta ser el mundo, sal de en medio de él y sé separado, y no toques lo inmundo; si es el poder del pecado que habita en ti, busca su crucifixión inmediata por la cruz de Jesús. ¿Te roba la criatura el corazón de Cristo y enfría tu amor a Dios? Entrégala al mandato de Dios; él pide la entrega de tu corazón y ha prometido serte mejor que todo amor de la criatura. Toda la ternura, el afecto profundo, la simpatía aguda y la fidelidad verdadera que hayas hallado o gozado jamás en la criatura habitan en Dios, tu Dios y Padre del pacto, en grado infinito. Él hace que la criatura sea lo que es para ti. Poseyendo a Dios en Cristo, no puedes desear más ni tener más. Si él pide la entrega de la criatura, resígnala con gozo, y deja que Dios lo sea todo en todos para ti.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - July 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.