«Él nos libró del dominio de las tinieblas, y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados.» Colosenses 1:13-14
¡Tengo redención por su sangre, aun el perdón de mis pecados!
No fue simplemente que Jesús fuera un mártir por la verdad que enseñaba. En verdad lo fue, y el mismísimo Capitán y Príncipe del noble ejército. Murió para dar testimonio de la veracidad y la preciosidad de su evangelio glorioso. Pero hubo mucho más que eso, cuando el sol se oscureció, las rocas se rasgaron y el Sufriente entregó su espíritu en el cruel madero.
No fue simplemente que Jesús me estuviera mostrando un ejemplo de valor y paciencia en el dolor. Su muerte lo hace de manera preeminente; no hay lección semejante. Pero hubo mucho más que eso, el día en que clamó ¡Consumado es! y atravesó las aguas a pie.
No fue simplemente que Jesús compartiera todas mis flaquezas y dolores, aun los últimos y más terribles. En verdad es mi Hermano, que ha descendido a la penumbra del valle que tengo delante. Pero eso no es todo, ni casi todo.
En mi lugar Él murió. Llevó mi pecado en su propio cuerpo a la cruz severa y odiosa. Se hizo maldición en lugar de mí. Fue herido duramente por su Padre, herido duramente para mi sanidad y salud.
Y ahora, y ahora, yo, el culpable, el criminal, con mi pasado cargado de culpa, con mi presente impotente, con mi futuro sin esperanza, tengo mi redención en Él. Él ha agotado mi pena; ha borrado el terrible documento escrito contra mí.
¡Este es el evangelio que es todo mi orgullo, y que es más poderoso que toda mi necesidad!
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Colossians 1:13-14
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.