Pensamientos vespertinos

Refugio bajo la sangre que nos hace libres

La sangre rociamente en la puerta apartó al ángel de la muerte; así la sangre de Cristo aplicada al corazón es el único refugio seguro ante el juicio de Dios.

Se recordará que, al negar Faraón dejar libre al pueblo de Dios, el Señor ordenó que fuera muerto el primogénito de cada casa. Fue una noche de desgracia en la tierra de Egipto, larga de recordar. La única excepción a aquella obra de destrucción fue en favor de los hijos de Israel. Y aun ellos no podían escapar al castigo judicial sino mediante el más estricto cumplimiento del método divino para su seguridad. La víspera de aquella noche terrible debían tomar «un cordero sin mancha, macho de un año», degollarlo y poner la sangre en los dos postes y en el dintel de las casas; y dice Dios: «La sangre os será por señal en las casas donde estéis; y cuando yo vea la sangre, pasaré sobre vosotros.» Obedecieron. Y cuando el ángel de la muerte recorrió la tierra hiriendo al primogénito de cada familia egipcia, se detuvo con solemnidad y awe al ver la sangre rociada, envainó su espada y pasó adelante.

Así será con el alma que no tiene parte en la sangre vivificadora y salvadora de Jesús. El pecador que no lleva sobre sí esta señal divina y sagrada está marcado para condenación; está bajo la sentencia espantosa de muerte. Esa sentencia ha salido, el ángel destructor ha recibido su comisión, la espada está desenvainada y el brazo levantado. ¡Oh, huye a la sangre expiatoria de Jesús! No hay un momento que perder. Tu única esperanza, tu única protección y tu única seguridad están allí. «Cuando yo vea la sangre, pasaré sobre vosotros.» Benditas palabras. Donde él contempla la sangre purísima de su propio Hijo, tan preciosa para él, rociada sobre el corazón quebrantado y arrepentido de un pobre pecador, lo pasará por alto en el derramamiento de su ira; lo pasará en el día del juicio, y ni una gota de condenación caerá sobre él. Escapa, pues, por tu vida. Acude a Cristo; aunque el sol de tu tarde decline y las sombras de la eternidad se espesen, tienes la promesa divina: «Y acontecerá que al hora de la tarde habrá luz.»

Cuando el frío de la muerte congele la corriente de tu existencia mortal, cuando el corazón y la carne fallen, el mundo se aparte y la eternidad se abra, ¿qué crees que traerá vida y paz aun en la muerte, iluminará el valle y te pondrá seguro sobre la más alta ola del Jordán? Será la sangre viva del Redentor divino, aplicada en aquel instante solemne a la conciencia por el Espíritu Santo, testificando que todo pecado está borrado, que tu persona es aceptada y que ya no hay condenación. «¡Preciosa sangre, preciosa sangre que ha asegurado todo esto!», será la expresión agradecida de tus labios moribundos, mientras tu alma redimida cruza el torrente oscuro hacia la luz y la gloria del cielo.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - December 19

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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