Oh, mi precioso Salvador.
¡Qué bendición tan grande que no hemos de vivir aquí siempre, que nuestra existencia no está limitada a esta esfera inferior!
Santo Padre, que nuestros corazones, aunque adoloridos, te alaben porque tus correcciones solo nos destetan de este mundo pecador y decepcionante, y llenan nuestras mentes de santo gozo y de anhelante esperanza por el bendito cielo venidero. Oh, ¡que tu amor llene más plenamente estos corazones huidizos! Que tu afecto incesante, siempre inmutable, cuando nos descarriamos, enlace nuestras almas en unión más estrecha contigo.
Oh, mi precioso Salvador, ¡que aquella mirada de compasión y amor, que brilló tan gloriosamente desde el Calvario, recaiga sobre tu débil y pecaminoso hijo! Que yo halle en tu seno amoroso un refugio contra la tempestad. Y aunque el mundo, o aquellos que amo, dejen de compadecerse, precioso Salvador, tú nunca mirarás con frialdad, sino que abrirás tu corazón de amor para recibirme.
Fuente y atribución
Autor original: Whitmore Winslow
Título original: The Hidden Life — Oh, my precious Savior
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Whitmore Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.