Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Refugio en la justicia de Cristo ante la tormenta de la ley

Ante el trono de Dios solo una justicia perfecta vale: la del propio Cristo, obrada por el Hijo y aplicada por el Espíritu, en la cual el alma halla refugio seguro.

Aquí están claramente expuestas las dos justicias, en una de las cuales debemos todos comparecer ante Dios: la justicia que es de la ley y la justicia que es de Dios por la fe en Cristo. Mas tened presente que una justicia para ser válida ante Dios ha de ser una justicia perfecta. Esta justicia ningún hombre la produjo jamás, ni podría producirla, por su propia obediencia a la ley, pues nadie amó jamás a Dios "con todo el corazón y con toda el alma y con toda la mente y con todas las fuerzas, y a su prójimo como a sí mismo"; y quien no ama así a Dios y a su prójimo, está ya maldito y condenado por aquella justa ley que maldice "a todos los que no permanecen en todas las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas."

El apóstol sentía que, como esta justicia no podía ser rendida por él mismo como pecador caído, debía necesariamente caer bajo la condenación y la maldición inherentes a aquella santa ley. Temblando, pues, en su conciencia, al sentir que la ira de Dios se revelaba contra él y contra todos los pecadores injustificados en una ley quebrantada, y sabiendo que se hundiría para siempre bajo la terrible indignación del Todopoderoso si no tenía otro cobertura para su alma necesitada y desnuda que su propia justicia, huyó de ella para hallar justificación y aceptación, misericordia y paz en la justicia de Cristo. Desde entonces "se propuso no saber cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado," y Jesús llegó a ser para él su "todo en todos." Una vez favorecido con una visión de la justicia del Hijo de Dios, no quiso otra para el tiempo ni para la eternidad.

Como un viajero sorprendido por una violenta tempestad huye con gusto a una casa junto al camino donde hallar refugio del rayo y de la lluvia torrencial; o como un navío amenazado por un huracán afana toda vela para alcanzar a tiempo el puerto de refugio, así el alma aterrorizada por los truenos y relámpagos de la justa ley de Dios busca amparo en el costado herido de Jesús y se esconde bajo su obediencia justificadora. Esta justicia se llama aquí "la justicia de Dios," porque Dios el Padre la ideó, Dios el Hijo la realizó y Dios el Espíritu Santo la aplica; y se dice que es "por la fe" y "por la fe de Cristo" porque la fe la contempla, cree en ella, la recibe y da al alma un interés salvador manifestado en ella.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: October 14

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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