La mayoría de nosotros sabemos lo que es estar abrumado en el corazón: vaciado, como cuando un hombre limpia un plato y lo vuelve boca abajo; sumergido y hundiéndose como un barco vencido por la tormenta.
Los descubrimientos de la corrupción interior harán esto: si el Señor permite que el gran abismo de nuestra depravación se turbe y arroje lodo y suciedad.
Las decepciones y los quebrantos del corazón harán esto: cuando oleada tras oleada se desploma sobre nosotros, y somos como una concha rota arrojada de un lado a otro por la espuma rugiente. Bendito sea Dios, en tales estaciones no estamos sin un consuelo suficiente: nuestro Dios es el puerto de las velas maltratadas por el temporal, el albergue de los peregrinos desamparados. ¡Más alto que nosotros es Él! Su misericordia más alta que nuestros pecados. Su amor más alto de lo que pudiéramos imaginar.
Es lastimoso ver a los hombres no salvos poner su confianza en algo más bajo que ellos mismos; pero nuestra confianza está puesta en un Señor sumamente alto y glorioso.
Roca es Él, pues no cambia; y Roca alta, porque las tempestades que nos abruman ruedan muy por debajo, a sus pies. Él no se turba por ellas, sino que las gobierna a su voluntad. Si nos ponemos bajo el abrigo de esta Roca elevada, podemos desafiar el huracán; todo está tranquilo al abrigo de aquel acantilado que se eleva.
¡Ay! Tal es la confusión en la que la mente atribulada se halla a menudo sumida, que necesitamos que nos guíen a este divino refugio. De ahí la oración del texto: «Cuando mi corazón está abrumado, llévame a la Roca que es más alta que yo». Oh Señor, Dios nuestro, por tu Espíritu Santo, enséñanos el camino de la fe, llévanos a tu descanso. El viento nos empuja mar adentro; nuestra mano enana no puede gobernar el timón. ¡Tú, solo Tú, puedes llevarnos sobre el ancho océano entre aquellas rocas sumergidas, y a salvo al hermoso puerto! ¡Cuán dependientes somos de Ti! Te necesitamos para que nos lleves a Ti. Ser sabiamente dirigidos y guiados a la seguridad y a la paz es tu don, y solo tuyo. Esta noche ten a bien tratar bien a tus siervos.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 22 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.