Aquí se nos enseña la gran lección de que para recibir debemos dar; de que para acumular debemos esparcir; de que para hacernos felices debemos hacer felices a otros; y que para llegar a ser espiritualmente vigorosos debemos buscar el bien espiritual de los demás. Al regar a otros, somos nosotros mismos regados. ¿Cómo?
Nuestros esfuerzos por ser útiles sacan a la luz nuestras capacidades para la utilidad. Tenemos talentos latentes y facultades dormidas que el ejercicio revela. Nuestra fuerza para el trabajo está escondida aun de nosotros mismos hasta que nos aventuramos a pelear las batallas del Señor o a escalar las montañas de la dificultad. No sabemos cuántas tiernas simpatías poseemos hasta que tratamos de enjugar las lágrimas de la viuda y de consolar el dolor del huérfano.
A menudo hallamos que, al intentar enseñar a otros, recibimos instrucción para nosotros mismos. ¡Oh, qué lecciones tan bondadosas hemos aprendido algunos junto a lechos de enfermos! Fuimos a enseñar las Escrituras y volvimos avergonzados de saber tan poco de ellas. En nuestro trato con los santos pobres se nos enseña más perfectamente el camino de Dios y adquirimos una visión más profunda de la verdad divina. De modo que regar a otros nos hace humildes. Descubrimos cuánta gracia hay donde no la buscabamos, y cuánto el santo pobre puede aventajarnos en conocimiento.
Nuestro propio consuelo también aumenta al trabajar por otros. Procuramos animarlos, y la consolación alegra nuestro propio corazón. Como los dos hombres en la nieve: uno frotaba los miembros del otro para impedir que muriera, y al hacerlo mantuvo su propia sangre en circulación y salvó su propia vida. La viuda pobre de Sarepta dio de su escasa provisión una porción para las necesidades del profeta, y desde aquel día nunca más supo lo que era la pobreza. Da, pues, y te será dado: medida buena, apretada, ¡remecida y rebosando!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: August 21 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.