Dios Todopoderoso, deseamos, en esta mañana de un nuevo día, acercarnos al estrado de Tu trono de gracia. Tú eres glorioso en Tu santidad, temible en las alabanzas, haciendo maravillas continuamente. Tu eternidad, ninguna mente finita puede comprenderla. Tus propósitos, ningún accidente puede alterarlos. Tu amor, ningún tiempo puede menoscabarlo. Te adoramos como el Dios de nuestra vida; momento a momento dependemos de Tu bondad; si retiras Tu mano, perecemos. Y, sin embargo, oh Señor, no hemos vivido habitualmente conscientes de Ti. Con demasiada frecuencia hemos tomado nuestras bendiciones como algo natural. Hemos tenido corazones ingratos en medio de Tus diarias muestras de inmerecida misericordia. Sobre todo, hemos vivido en culpable olvido de Tu amado Hijo. No hemos recordado como debiéramos que, de no ser por Él y Su admirable gracia, habríamos perecido para siempre. No hemos sentido, como debiéramos, el poder atractivo de Su cruz. Otros señores han tenido dominio sobre nosotros. Tu amor, que debiera haber reinado soberano, ha sido desplazado por otros afectos. Hemos estado «poniendo la mente en las cosas terrenales»; con demasiada frecuencia ansiosos, atribulados y preocupados por cosas que perecerán con el mismo uso. Señor, ten misericordia de nosotros. Derrite nuestros corazones duros y obstinados; renuéalos por la morada de Tu gracioso Espíritu.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Oración familiar 42
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.