La mente de Jesús

Reposar en paz cuando llega la muerte

El último aliento de Jesús une dolor y victoria. Terminó la obra y entregó su vida confiado al Padre, preparando al creyente para morir sin terror.

La muerte de Jesús tuvo un peso que ninguna criatura puede medir. Sobre Él cayó la condena por el pecado de su pueblo. Sin embargo, su salida no fue rendición desesperada, sino triunfo obediente. Antes de expirar, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

¿Podremos decir lo mismo al final? La serenidad en el último día no nace de una buena reputación ni de una vida cómoda, sino de saber que Cristo nos ha recibido. Sin perdón no hay descanso; con Cristo, la muerte deja de ser amenaza última y se vuelve tránsito hacia el hogar.

La mejor preparación es vivir cada día en cercanía filial. Así, al mirar la tumba, no vemos solo final, sino promesa. La cruz ya abrió el camino; el Salvador mismo va delante y muestra la senda de la vida.

No temas la muerte como si Cristo no la hubiera vencido. Para el creyente, es el umbral hacia la casa del Padre. El combate se gana por la sangre de Cristo y se vive en esperanza de ver a Dios.

Que cada jornada mantenga encendida esa esperanza. Quien espera en Él purifica su vida, porque aprende a vivir como quien marcha hacia la gloria, no hacia el vacío.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: CALMNESS IN DEATH

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura