¡Oh las insondables profundidades de la bondad y la misericordia de Dios! ¡Oh las riquezas de su gracia sobreabundante! Cuando no había otro camino de redención, Dios envió a su Hijo unigénito, para que por su sangre preciosa, como de un cordero sin mancha y sin tacha, fuéramos rescatados de todas las consecuencias de nuestra vana manera de vivir; y no sólo de sus consecuencias, sino de su poder y de su práctica. Es el conocimiento personal y experimental de esta redención lo que nos obliga espiritualmente a andar como es digno de nuestro alto llamamiento.
Una mirada de fe al Cordero de Dios sangrante y moribundo, un ver y sentir lo que él padeció en el huerto y en la cruz para rescatarnos del infierno, hará siempre odioso el pecado a nuestros ojos y deseable la santidad como el elemento más feliz del alma. Si alguna vez el pecado es llorado, aborrecido, confesado y abandonado; si alguna vez hay ardientes deseos de conformidad a la imagen de Cristo y un anhelo de unión y comunión con él, es al pie de su cruz. Por ella y sólo por ella el mundo es crucificado para nosotros y nosotros para el mundo; y bien podemos decir con el apóstol: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí."
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.