Pensamientos vespertinos

Restaurar al caído con mansedumbre sin juzgar al hermano

El deber de corregir al hermano con humildad y tierna solicitud edifica a la iglesia, mientras el juicio apresurado quiebra la ley del amor cristiano.

El deber de la amonestación y reprensión fraterna es un ejercicio perfectamente legítimo del amor cristiano. Puede ser el más difícil, pero el resultado probará que es la operación más santa y preciosa de esta gracia. La iglesia de Dios es una sola familia, unida por los lazos e intereses más estrechos, más santos y más tiernos. Es natural, por tanto, que cada miembro desee para los demás la mayor perfección del carácter cristiano y se sienta honrado o deshonrado, según el caso, por la conducta de aquellos con quienes la relación es tan estrecha. Pocas cosas contribuyen más a la formación del carácter cristiano y a la santa conducta de una iglesia que el ejercicio fiel y semejante a Cristo de este deber, administrado con suma mansedumbre, gentileza y ternura, sin el menor espíritu que parezca decir: «Apártate, que soy más santo que tú», y recibido con un ánimo humilde y dócil que admite la falta y agradece la corrección. «Repriéndame el justo, dice David, me será un favor; y corríjame, será como aceite sobre la cabeza».

El amor cristiano verdadero evitará ocupar el tribunal del juicio. Pocas violaciones de la ley del amor son más comunes que esos juicios apresurados y prematuros que algunos creyentes están siempre dispuestos a pronunciar sobre las acciones, los principios y los motivos ajenos. Y, sin embargo, ningún cristiano puede hallarse en posición más difícil y delicada. Para formar una opinión verdadera y correcta de una conducta determinada se necesitaría muchas veces el ojo escudriñador del corazón que solo Dios posee, pues deberíamos conocer íntimamente todos los motivos ocultos y poseer por entero las circunstancias del caso. Por esa ceguera y premura, suele darse a las acciones y palabras de los demás la peor interpretación posible, con gran injusticia y profunda herida a los sentimientos. Especialmente incompatible con este amor es que pequeñas diferencias no esenciales en la explicación de hechos bíblicos, con la consiguiente disconformidad en credo y disciplina, se conviertan en supuesta negación de la fe entregada a los santos y sean ocasión de pensamientos duros o de trato severo y desamoroso.

Oigamos, pues, las palabras del Señor: «No juzguéis, para que no seáis juzgados»; y las del apóstol: «¿Por qué juzgas a tu hermano? ¿O por qué menosprecias a tu hermano? Pues todos compareceremos ante el tribunal de Cristo». Ejercida y recibida en el espíritu del manso y humilde Jesús, la reprensión fraterna mantiene a la iglesia unida en amor, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, mientras el juicio temerario la divide y la enfría. Procuremos, entonces, corregir con gracia y aceptar la corrección con humildad, guardando así la dulce armonía del cuerpo de Cristo.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - May 28

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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