Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Resucitados de la muerte del pecado

El Señor de la vida resucita a los muertos en pecado, levantándolos a fe, esperanza y amor, y cada anhelo hacia Dios es prueba de su poder obrando en el alma.

«Los muertos son resucitados.» Los «muertos» son aquellos que por naturaleza están muertos en pecado. Estos muertos son resucitados cuando la vida de Dios visita sus almas. Son resucitados a la fe en Jesús, resucitados a la esperanza en su nombre, resucitados a un sentido de su amor moribundo hacia sus almas, resucitados de la duda y el temor, resucitados de lo más profundo del desaliento, para mirar a él y ser salvos. ¡Qué misericordia que el Señor de la vida y de la gloria siga ejerciendo en los corazones de su pueblo el mismo poder que una vez ejerció en sus cuerpos, y que los levante de su estado de muerte y de frialdad muerta!

¿No nos sentimos a menudo tan muertos, como si no tuviéramos ni una partícula de la gracia de Dios? ¿Tan muertos, que parece casi imposible volver a tener una sensación de vida espiritual? ¿Tan muertos, que casi tememos si el poder de Dios se sintió jamás en nuestros corazones? Pues bien, el Señor suscita vida y sentimiento en nuestras almas, ejerciendo el mismo poder que llamó a Lázaro fuera del sepulcro. Y cada elevación del corazón hacia él, cada anhelo jadeante de conocerle a él y el poder de su resurrección, cada respiración de tierno afecto, cada suspiro, clamor y gemido, sí, cada sentimiento, por breve y pasajero que sea, dirigido hacia Dios, es una prueba de que el Señor de la vida y de la gloria sigue ejerciendo su poder en los corazones de su pueblo.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: February 26

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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