Nuestro Señor advirtió a sus discípulos que se prepararan para la persecución. Debían evitar todo lo que diera ventaja a sus enemigos, toda mezcla con asuntos mundanos o políticos, toda apariencia de mal o de egoísmo y todo procedimiento encubierto. Cristo predijo las aflicciones, no solo para que estas no fueran una sorpresa, sino para que confirmaran su fe. Les dice lo que habrían de padecer y de quiénes. Así Cristo ha tratado con nosotros con justicia y fidelidad, al decirnos lo peor que podemos encontrar en su servicio; y quiere que procedamos de igual manera con nosotros mismos, sentándonos a calcular el costo.
Los perseguidores son peores que las bestias, pues se lanzan contra los de su propia especie. Los lazos más fuertes de amor y de deber han sido con frecuencia rotos por la enemistad contra Cristo. Los sufrimientos provenientes de amigos y parientes son muy dolorosos; nada corta más. Aparece con claridad que todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús deben sufrir persecución; y debemos esperar entrar en el reino de Dios a través de muchas tribulaciones. Con estas predicciones de aflicción vienen consejos y consuelos para el tiempo de prueba. Los discípulos de Cristo son odiados y perseguidos como serpientes, y se busca su ruina, por lo que necesitan la sabiduría de la serpiente. Sean ustedes inofensivos como palomas. No solo no hacer daño a nadie, sino no guardar malicia contra nadie. Debe haber cuidado prudente, pero no pensamiento ansioso y angustioso; eche este cuidado sobre Dios. Los discípulos de Cristo deben pensar más en cómo obrar bien que en cómo hablar bien.
En caso de gran peligro, los discípulos de Cristo pueden apartarse del camino del peligro, aunque no deben apartarse del camino del deber. No pueden emplearse medios pecaminosos ni ilícitos para escapar; porque entonces no es una puerta abierta por Dios. El temor del hombre trampa, una trampa angustiosa que perturba nuestra paz; una trampa enredosa por la cual somos arrastrados al pecado; y, por tanto, debe resistirse y orarse contra ella. La tribulación, la angustia y la persecución no pueden quitar el amor de Dios hacia ellos, ni el de ellos hacia él. Teman a aquel que es capaz de destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno.
Deben entregar su mensaje públicamente, pues todos están profundamente comprometidos con la doctrina del evangelio. Todo el consejo de Dios debe ser dado a conocer, Hechos 20:27. Cristo les muestra por qué deberían estar de buen ánimo. Sus sufrimientos daban testimonio contra los que se oponen a su evangelio. Cuando Dios nos llama a hablar por él, podemos depender de que él nos enseñe qué decir. Una perspectiva creyente del fin de nuestros problemas será de gran utilidad para sostenernos bajo ellos. Pueden soportarse hasta el fin, porque los que sufren serán sostenidos bajo ellos. La fuerza será según el día. Y es un gran aliento para los que hacen la obra de Cristo que es una obra que ciertamente será hecha.
Vean cómo el cuidado de la Providencia se extiende a todas las criaturas, aun a los gorriones. Esto debería acallar todos los temores del pueblo de Dios: Ustedes son de más valor que muchos gorriones. Y aun los cabellos de su cabeza están todos contados. Esto denota la cuenta que Dios lleva y conserva de su pueblo. Es nuestro deber no solo creer en Cristo, sino profesar esa fe, sufriendo por él cuando seamos llamados a ello, así como sirviéndole. Solo esa negación de Cristo se entiende aquí que es persistente, y solo esa confesión puede tener la recompensa bienaventurada aquí prometida, que sea el lenguaje real y constante de la fe y del amor. La religión lo vale todo; todos los que creen la verdad de ella llegarán al precio y harán que todo lo demás se someta a ella.
Cristo nos conducirá a través de los sufrimientos a la gloria con él. Aquellos están mejor preparados para la vida venidera que más livianamente se aferran a esta vida presente. Aunque la bondad mostrada a los discípulos de Cristo sea muy pequeña, si hay ocasión para ella y no hay capacidad para más, será aceptada. Cristo no dice que merezcan una recompensa; pues no podemos merecer nada de la mano de Dios; pero recibirán una recompensa del don gratuito de Dios. Confesemos a Cristo con valentía y mostremos amor a él en todas las cosas.
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 10:16-42
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.